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Desmayos, falta de café y vista tapada: así fue el lado B de la homilía del Papa en Chile

Pese a que la cita estaba en agenda para las 10:30, muchas personas madrugaron para quedarse con la mejor ubicación para ver a Francisco.

Como un verdadero rockstar. Así recibieron los fieles católicos al papa Francisco en el Parque O’Higgins, de Santiago de Chile, lugar donde tenía que ofrecer una homilía con cerca de 400 mil personas repitiendo la palabra «amén».

Aunque no ofrecería ningún concierto, su público acampó desde la madrugada en el recinto para esperarlo. Una de ellas fue Juana Chirino Bernal (41), quién llegó pasadas las 2:15 a esperar al Sumo Pontífice.

«Al ingreso nos prohibieron las bebidas calientes. Tuve que dejar termos y he visto a mucha gente que ha tenido que tirar el café. Nosotros entramos y pensamos que iba a haber lugares donde adquirirlos, pero no fue así», se quejó en un principio. Aún así se apura en recalcar que el esfuerzo vale la pena.

«Había que soportarlo, porque es importante ver al Papa», agregó Chirino.

Extranjeros

La mayoría de los creyentes que estaba en el recinto levantaban banderines con los colores del pabellón patrio mezcladas con imágenes del rostro de Francisco. No obstante, los chilenos no eran los únicos: banderas de Brasil, Bolivia, Venezuela, Perú y otras naciones latinoamericanas adornaron también las áreas del Parque.

Olga Isabel Damasco (47), era una de las fieles levantando la bandera de Argentina mientras esperaba al Papa.  «Salimos desde Córdoba el domingo a las 14:00 y ayer llegamos acá. Después nos vinimos como a las 20:00 al Parque», indicó la creyente.

Para ella, el hecho de no haber incluido su país en esta gira no era ningún impedimento para seguir admirando la figura de Francisco. «Él es libre y lo queremos. En algún momento él va a ir a la Argentina, quizás Dios sabe dónde más necesita que él esté presente. Aún así lo tenemos presente en nuestros corazones», reflexionó.

Alder Saldebar, de Filipinas no tenía una bandera de su país para levantar con orgullo, pero se conformó con algunos banderines del Papa. «Estoy viviendo aquí desde hace poco. Mis hermanas viajaron porque realmente admiramos al Papa. Llegamos muy temprano ayer, como las 23:00 y ya hacía frío. Hizo mucho frío en la noche también pero tomando café y agua caliente estuvimos soportándolo. Por eso espero que sus palabras estén llenas de bendiciones para nosotros y para toda la gente», señaló.

Visible pero no para todos

Tal como indicaba el programa, el Sumo Pontífice llegó a las 10:00 al recinto abordo del Papamóvil. Ese fue uno de los momentos que más euforia desató entre los presentes quienes no aguantaron las ganas de levantar sus celulares para capturar el momento.

Marian Ehrlich, mitad norteamericana y mitad chilena tuvo la suerte de capturar al Papa con su propio celular.

«Fue maravilloso estar en su presencia. Llegué a las 3 o 4 de la mañana. Por algunos momentos dormí, también leía libros y todo era para quedar cerca de él», relató la joven que, contenta, mostraba el video que grabó.

Distinta fue la situación de Catalina Barera (18), estudiante de kinesiología, quien terminó ubicada justo detrás de un montón de andamios en los que se ubicó a la prensa.

«Llegué a las 3 y media de la mañana, acompañando a mi mamá sobre todo. No pude sacarle muchas fotos, porque estaba preocupado de verlo», justificó la adolescente.

De todas formas, igual valoró estar ahí. «Puedo verlo por la pantalla y de repente igual me puedo mover para verlo un poco más allá», agregó.

Desmayos

Cuando el reloj marcaba las 10:30 en punto, Francisco comenzaba con su homilía. Salvo dos personas que intentaron interrumpir la ceremonia sin éxito, desde el altar no hubo mayores sobresaltos.

Quienes sí registraron algunos problemas fueron las personas de mayor edad. De hecho, hubo al menos una decena de desmayos, los cuales fueron atendidos en su mayoría por voluntarios. Ninguno de ellos requirió atención especial.

Ya a las 11:30, la misa terminó con varios fieles gritando «Francisco, amigo, el pueblo está contigo». Eso mientras el Sumo Pontífice se despedía de las autoridades de la Iglesia chilena para luego abordar un auto para así continuar con el resto de sus actividades.

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