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Arriesgué mi vida por mi África”: KuKi Gallmann

Su historia de amor y resiliencia fue llevada a Hollywood y se convirtió en una película con Kim Basinger, basada en su autografía “Soñando África”

Se define como “una ecolo- gista y una sobreviviente”, Kuki Gallmann, “y sobreviviré hasta que llegue mi momento, y luego no lloren por mí”. Ríe. Su tiempo no llegó el año pasado, cuando un grupo de soldados le dispararon cerca de su reserva natural Ol Ari Nyiro en Kenia. Ella ha sobrevivido a dolores que habrían destruido a otros: la muerte de su esposo Paolo Gallmann, de 80 años, el agrónomo con quien hace 45 años había decidido mudarse a África desde su natal Treviso (en Italia), y después la de su hijo, mordido por una serpiente. Ella no se dio por vencida, con su hija Sveva transformó su propiedad en un oasis de biodiversidad de 400 kilómetros cuadrados, una franja de bosque virgen candidato a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. En las fotos aéreas es una mancha verde en medio del amarillo de la deforestación donde sobreviven elefantes, rinocerontes y otros animales que en otras partes están extintos.
Ahora, espléndida y llena de vida a los 74 años, habló con Metro en Milán, donde estuvo con motivo del Festival de Derechos Humanos, para hablar del cambio climático y derechos. Durante la entrevista, ve la pequeña grabadora y dice: “La usaba también, cuando grabé secretamente los planes de los cazadores furtivos”.

¿Cómo una espía?

Como honorary warden, guardia honoraria por la tutela de la naturaleza, pero es una historia larga.

¿Quién y por qué le disparó?

Era una emboscada de varias milicias que actúan en Kenia con armas legales para fines ilegales. Era el período de sequía, antes de las elecciones, y algunos políticos locales querían nuestra tierra. Otros, a fuerza de amenazas e incendios vendieron, nosotros no lo hicimos, y entonces hubo un emboscada. Luego, después de las elecciones y la lluvia, la situación se normalizó. Los cazadores furtivos permanecen.

¿Cómo conciliar la defensa del ambiente con las exigencias de la población local más pobre. ¿No es un lujo?

No, no somos una isla, nuestros aliados son nuestros vecinos que cultivan maíz y necesitan del agua que tenemos en nuestra reserva y a los cuales le enseñamos a criar vacas de manera sostenible. Las más beligerantes son las poblaciones más lejanas. Se está llevando un criadero indiscriminado, los ricos de Nairobi reciclan su dinero en ganado, lo que rinde mucho, pero no tienen buena tierra y así nacen los conflictos.

¿Cómo cambió África en estos 45 años?

El cambio más grande fue el aumento de la población, la presión demográfica que consume el medio ambiente combinado con el cambio climático que crea situaciones extremas que luego degeneran.

Vi que en la fundación que opera en la reserva tienen también un grupo de acróbatas, el Pokot Youth Team. ¿Cómo es?

Todo inició en el 2009 desde un joven Pokot que arresté porque había asesinado un elefante. Pensé que mandarlo a la cárcel habría servido poco, mejor enseñarle algo difícil, que le diera disciplina. Ahora son 25 acróbatas y se han exhibido también en la embajada de Estados Unidos.

¿Cómo mantiene su fundación?

Con el turismo y muchas otras actividades: por ejemplo, producimos el único carbón permitido en Kenia con un sistema que se ha trabajado durante 30 años, que no emite humos y utiliza la Leleshwa, una esencia que crece muy rápido. Entonces, estamos aumentando la producción de aceites esenciales de plantas locales.

¿Qué le dio fuerza para superar todas las pruebas de su vida, es creyente?

Más que creyente, soy espiritual, me gustaría convertir Ori Ari Nyiro en un templo interreligioso de la naturaleza, quizás invitando también al Papa Franciso, quien me gusta tanto. Además en estos días tengo conmigo la encíclica Laudato Si.

Su nombre es Maria Boccazzi, ¿de dónde viene Kuki?

Mi padre era partidario, trajo a casa un soldado inglés que me llamaba “cookie” (galleta) y se quedó.

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