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¿Ecuador enfrentará un “Super El Niño”? Experta responde dudas

La NOAA alertó sobre el rápido desarrollo del fenómeno climático, la investigadora Gabriela Mancheno explica qué se sabe hasta ahora, cuáles son las señales que ya observa Ecuador y por qué todavía no se puede hablar de un evento extremo.

Jujan, jueves 27 de febrero del 2024
Fuertes y continuas lluvias dejan caminos anegados en la provincia de Los Ríos.
Fotos: César Muñoz/API
INUNDACIONES BABAHOYO Jujan, jueves 27 de febrero del 2024 Fuertes lluvias dejan caminos anegados en la provincia de Los Rios. Fotos: César Muñoz/API (César Muñoz/API)

El fenómeno climático de El Niño vuelve a encender las alertas internacionales. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advirtió que el océano Pacífico tropical se está calentando más rápido de lo esperado y elevó a un 82% las probabilidades de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio.

Además, los modelos climáticos muestran más de un 50% de probabilidades de que el fenómeno alcance niveles considerados “fuertes” o “muy fuertes” hacia finales de este año, lo que ha llevado a algunos expertos y medios internacionales a hablar incluso de un posible “Super El Niño”.

La advertencia genera preocupación porque eventos similares registrados en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron graves inundaciones, sequías, incendios forestales y pérdidas millonarias en distintos países del mundo.

Pero, ¿qué significa realmente esta alerta para Ecuador? ¿Estamos frente a un evento extremo? ¿Qué señales ya se observan en el país?


Metro Ecuador conversó con Gabriela Alejandra Mancheno Domínguez, PhD., Research Scientist asociada a MODEMAT Foundation, especialista en modelación atmosférica, calidad del aire y análisis de fenómenos climáticos aplicados al Ecuador, quien explicó cómo funciona realmente El Niño, qué está ocurriendo actualmente en el Pacífico y cuáles podrían ser los impactos para el país.

Gabriela Alejandra Mancheno Domínguez, PhD., Research Scientist asociada a MODEMAT Foundation
Gabriela Alejandra Mancheno Domínguez PhD., Research Scientist asociada a MODEMAT Foundation (Cortesía)

¿Qué es exactamente El Niño?

Aunque el término suele escucharse constantemente cuando se habla de lluvias intensas o alteraciones climáticas, muchas personas todavía desconocen qué es realmente El Niño.

“El Niño es un fenómeno climático natural que ocurre cuando una gran parte del océano Pacífico tropical comienza a calentarse más de lo normal durante varios meses”, explica Gabriela Mancheno.

Ese calentamiento modifica el comportamiento de la atmósfera y termina alterando patrones de lluvia, nubosidad, viento y temperatura en distintas regiones del planeta.

“El océano y la atmósfera funcionan como un sistema conectado. Cuando el océano Pacífico se calienta demasiado, libera más calor y humedad hacia la atmósfera, y eso modifica la circulación del aire a gran escala”, sostiene la científica.

Como consecuencia, algunos países pueden enfrentar lluvias mucho más intensas de lo normal, mientras otros atraviesan sequías, incendios forestales o temperaturas extremas.

En el caso ecuatoriano, el calentamiento del océano frente a las costas suele tener mayor impacto sobre la región Costa.

“En Ecuador, el calentamiento del mar frente a nuestras costas suele influir especialmente en la región Costa, favoreciendo ambientes más cálidos, húmedos y, dependiendo de cómo responda la atmósfera, episodios de lluvias fuertes”, detalla.

Sin embargo, la experta insiste en que no basta con que el océano esté caliente algunos días o semanas para afirmar que ya existe un evento El Niño.

“Para que el fenómeno se consolide, ese calentamiento debe mantenerse durante varios meses y además la atmósfera debe comenzar a responder de forma persistente mediante cambios en los vientos, la nubosidad y la circulación atmosférica”, explica.

A este proceso, los científicos lo denominan “acoplamiento océano-atmósfera”.

¿Por qué El Niño afecta a tantos países al mismo tiempo?

La investigadora explica que el océano Pacífico tropical funciona como uno de los principales motores climáticos del planeta.

Cuando esa enorme masa de agua se calienta más de lo normal, no solamente cambia el clima cerca del océano, sino que altera la circulación de la atmósfera a escala global.

“El calor acumulado en el océano modifica la forma en que se mueve el aire alrededor del mundo. Eso puede desplazar zonas de lluvia, cambiar la formación de nubes y alterar patrones de temperatura y tormentas en muchos continentes al mismo tiempo”, explica.

Por eso, mientras algunos países experimentan lluvias intensas e inundaciones, otros pueden enfrentar sequías severas o incendios forestales.

En Sudamérica, Ecuador y Perú son especialmente sensibles al calentamiento del océano frente a sus costas.

“En Ecuador, esto puede influir en las lluvias, la temperatura del aire, la agricultura, la disponibilidad de agua e incluso en sectores como salud y energía”, señala.

¿Qué significa realmente un “Super El Niño”?

Aunque el término ha ganado fuerza en redes sociales y titulares internacionales, Gabriela Mancheno aclara que “Super El Niño” no es una categoría científica oficial utilizada por organismos como NOAA o la Organización Meteorológica Mundial.

“‘Super El Niño’ no es una categoría oficial científica usada por la NOAA ni por la Organización Meteorológica Mundial. Es más bien un término mediático o descriptivo que suele utilizarse cuando existe la posibilidad de un evento extremadamente fuerte”, explica.

Generalmente, el concepto se utiliza cuando las temperaturas del océano superan los dos grados centígrados sobre el promedio histórico.

Actualmente, los científicos observan un calentamiento acelerado del océano Pacífico tropical, lo que ha elevado la preocupación internacional.

Sin embargo, la investigadora recalca que todavía es demasiado temprano para asegurar que Ecuador enfrentará un evento histórico.

“Por ahora, aunque existen señales importantes de calentamiento en el océano Pacífico, todavía es muy temprano para afirmar que este podría convertirse en uno de los eventos más fuertes de la historia”, afirma.

Según explica, todavía falta observar cómo reaccionará la atmósfera durante los próximos meses.

“El océano ya está mostrando señales claras de calentamiento, pero todavía falta ver cómo responderá la atmósfera. Solo si ambos sistemas comienzan a reforzarse mutuamente se podría hablar de un evento fuerte o muy fuerte”, añade.

Milagro, martes 24 de febrero del 2026
Varios sectores del cantón Milagro estan bajo el agua debido a las fuertes lluvias.
Fotos: Thomas.docu/API
INUNDACIONES MILAGRO Milagro, martes 24 de febrero del 2026 Varios sectores del cantón Milagro bajo el agua debido a las fuertes lluvias. Fotos: Thomas.docu/API (Thomas.docu/API)

¿Qué señales ya se observan en Ecuador?

Aunque todavía existe vigilancia activa y monitoreo permanente, Ecuador ya registra algunas señales relacionadas con el calentamiento del Pacífico.

“Una de las principales señales observadas actualmente en Ecuador es el calentamiento del océano Pacífico frente a nuestras costas, especialmente en la región Niño 1+2”, explica.

Además, durante los primeros meses del año ya se reportaron lluvias intensas en varias zonas de la Costa ecuatoriana, junto con temperaturas más elevadas y una mayor sensación de calor y humedad.

Sin embargo, Mancheno aclara que el calentamiento del océano no siempre significa lluvias extremas inmediatas.

“Que el mar esté más caliente no significa automáticamente que habrá lluvias extremas todos los días o en todo el país”, puntualiza.

Lo que sí puede ocurrir es que un océano más cálido favorezca mayor evaporación y más humedad en el ambiente.

“Eso puede traducirse en noches más cálidas, incremento de la sensación térmica y condiciones favorables para episodios de lluvia intensa, siempre y cuando la atmósfera también responda”, añade.

¿Cuándo podrían sentirse los efectos más fuertes?

La experta señala que todo dependerá de cómo evolucione el Pacífico durante los próximos meses y de si el calentamiento logra consolidarse junto con cambios persistentes en la atmósfera.

Por ahora, Ecuador se dirige progresivamente hacia una etapa con menos lluvias en varias regiones.

“En el corto plazo, lo más probable no necesariamente sería ver lluvias extremas generalizadas, sino más bien temperaturas más altas, incremento de la humedad y una mayor sensación térmica, especialmente en la región Costa”, explica.

Si las condiciones continúan fortaleciéndose, los efectos podrían sentirse con más claridad hacia finales de este año e inicios del próximo.

“Ahí sí podrían aumentar las probabilidades de lluvias más intensas, inundaciones, deslizamientos y afectaciones en distintos sectores”, sostiene.

¿Qué regiones del Ecuador serían las más afectadas?

Históricamente, la región más vulnerable frente a El Niño ha sido la Costa ecuatoriana.

“La región más sensible a los eventos El Niño en Ecuador ha sido la Costa, debido a su cercanía con el calentamiento del océano Pacífico frente al país”, explica la investigadora.

En provincias costeras pueden aumentar los riesgos de:

  • inundaciones,
  • desbordamiento de ríos,
  • deslizamientos,
  • afectaciones viales,
  • daños agrícolas,
  • problemas en el abastecimiento de agua,
  • y enfermedades transmitidas por vectores como dengue.

Las zonas de estribación andina también podrían verse afectadas por movimientos de tierra y deslizamientos asociados a lluvias intensas.

Mientras tanto, Galápagos es otra región especialmente vulnerable debido al impacto del calentamiento del mar sobre los ecosistemas marinos.

“El aumento de la temperatura del mar puede afectar ecosistemas marinos, biodiversidad, disponibilidad de nutrientes y especies que dependen de aguas más frías”, advierte.

¿El cambio climático está haciendo más peligrosos estos eventos?

Para Gabriela Mancheno, el contexto climático actual es distinto al de décadas anteriores porque el planeta es hoy considerablemente más caliente.

El Niño siempre ha existido de manera natural, pero hoy ocurre en un planeta mucho más caliente que hace décadas. Y eso puede hacer que sus impactos se sientan con mayor intensidad”, explica.

Actualmente los océanos registran temperaturas más altas y la atmósfera puede almacenar más humedad.

Eso significa que fenómenos como lluvias intensas, olas de calor, inundaciones o sequías pueden intensificarse.

La científica recalca que el cambio climático no crea El Niño, pero sí puede potenciar sus efectos.

“El cambio climático no ‘crea’ El Niño, porque El Niño es un fenómeno natural que ha existido históricamente. Pero sí puede amplificar sus consecuencias”, afirma.

Ecuador, altamente vulnerable frente a la crisis climática

La investigadora considera que Ecuador es especialmente vulnerable frente a fenómenos extremos debido tanto a factores naturales como sociales y urbanos.

“Hoy existe una mayor exposición de la población a inundaciones, deslizamientos, olas de calor y sequías”, explica.

Menciona problemas como:

  • crecimiento urbano desordenado,
  • ocupación de zonas inundables,
  • deforestación,
  • drenajes insuficientes,
  • y vulnerabilidad de infraestructura.

Todo esto incrementa el riesgo de impactos severos cuando ocurren lluvias extremas.

“La vulnerabilidad climática depende tanto del fenómeno natural como de la capacidad de prevención, adaptación y respuesta de cada país”, sostiene.

También recuerda que Ecuador depende fuertemente de sectores sensibles al clima como agricultura, pesca, recursos hídricos y generación hidroeléctrica.

“No es momento de alarmismo”

Aunque la NOAA mantiene vigilancia sobre el rápido calentamiento del Pacífico tropical, Gabriela Mancheno insiste en que todavía no se puede asegurar que Ecuador enfrentará un “Super El Niño”.

“El escenario más responsable científicamente es hablar de una vigilancia activa y de un posible desarrollo de El Niño, pero evitando afirmar todavía que será un ‘Super El Niño’”, señala.

Finalmente, hace un llamado a priorizar la información científica y la preparación antes que el miedo.

“La mejor herramienta frente a estos fenómenos no es el alarmismo, sino el monitoreo científico, la preparación y la comunicación clara basada en evidencia”, concluye.

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