El presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., declaró el estado de emergencia energética nacional ante el impacto del conflicto en Oriente Medio, al que calificó como un “peligro inminente” para el suministro del país.
A través de una orden ejecutiva, el Gobierno activó el programa UPLIFT, un plan integral que busca mitigar los efectos de la crisis en sectores clave como transporte, industria y alimentos.
Las autoridades advierten que el cierre del estrecho de Ormuz amenaza directamente el abastecimiento de combustible. Esta vía es fundamental para el comercio energético global.
Impacto en transporte y vuelos
Marcos Jr. alertó que varios países han dejado de suministrar combustible a aerolíneas filipinas, lo que obliga a las aeronaves a cargar combustible adicional para sus trayectos.
El mandatario no descartó que los vuelos de larga distancia enfrenten restricciones e incluso la posibilidad de suspensiones, lo que incrementa la preocupación en el sector aéreo.
Búsqueda de nuevos proveedores
Ante este escenario, Filipinas analiza diversificar sus fuentes de energía, incluyendo la posibilidad de importar recursos desde Rusia.
Actualmente, el país depende de proveedores como Malasia, así como de combustibles refinados provenientes de Japón y Corea del Sur.
Escalada del conflicto y efectos globales
La crisis se intensificó tras los enfrentamientos entre Israel, Estados Unidos e Irán, que derivaron en ataques y represalias en la región.
El bloqueo del estrecho de Ormuz ha elevado los precios internacionales del petróleo, afectando a economías dependientes de la importación de energía.
Este escenario refleja cómo los conflictos geopolíticos pueden tener efectos inmediatos en la estabilidad energética mundial, obligando a países como Filipinas a tomar medidas urgentes para garantizar su abastecimiento.
