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“Quiero saber si mi hijo vive”, el drama de las familias de reos de Guayaquil

La desesperación y la impotencia por no tener información confirmada se ha apoderado de cientos de personas que buscan saber si entre los 118 presos asesinados el miércoles en la Penitenciaría de Guayaquil estaban sus familiares.

“Mi hijo estaba en el pabellón donde ha habido más muertes y quiero saber si es que vive o no. No nos dan ninguna información, me encuentro desesperada”, dijo a Efe con la voz entrecortada Isabel Zambrano en el parque Samanes, del norte de Guayaquil.

En las instalaciones del Coliseo Abel Jiménez Parra del parque se encuentra el centro de apoyo social y psicológico abierto por la Gobernación de Guayas para hacer frente a la crisis humanitaria que rodea la masacre, tercera de este año en centros penitenciarios del país andino. En total, más de 230 muertes.

Zambrano llegó el jueves desde la vecina ciudad de Durán con la esperanza de obtener noticias sobre su hijo, pero la información escasea.

Nadie tiene la lista completa de identificación de víctimas, y los cadáveres, muchos de ellos mutilados por la rudeza de los ajustes de cuenta, siguen en la morgue, a unos 10 kilómetros. Apenas unos “afortunados” tienen constancia del fallecimiento de su familiar.

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Tras la masacre del martes, que también dejó 80 heridos, el presidente Guillermo Lasso, decretó el estado de excepción en todo el sistema penitenciario y dispuso que las Fuerzas Armadas y la Policía ejecutaran las acciones necesarias para restablecer el orden y prevenir nuevos casos de violencia en el interior de los centros penitenciarios, controlados por bandas vinculadas al narcotráfico.

Zambrano no tiene noticias de su hijo, preso por tráfico de drogas, desde que el mismo martes este llamó a su otra hija desde la también conocida como Penitenciaría del Litoral: “Le dijo que nos cuidemos: ‘Cuídate mucho ñaña y cuida a mi mami’, y ahí empezó la balacera”.

Al igual que ella, Antonio Mojarrango, explicó a Efe en los exteriores de la cárcel que había visto en internet una lista con nombres de los heridos, pero no lo encontró ahí y por eso decidió salir a por información.

“No sé en qué pabellón estaba. Ha estado mucho tiempo. Entraba y salía y ahora tenía como tres meses ahí”, admitió sin dar más detalles sobre sus delitos.

Su impotencia aumentó cuando le dijeron que no había una lista de fallecidos y que, por el contrario, era él quien debía dejar una foto y dar información sobre su hijo para que lo pudieran buscar en la morgue.

“Nos preguntan qué tatuajes tiene el preso y cuántos tiene, pero no debe ser así. Tienen que organizar bien esto. La mayoría de nosotros somos pobres y tenemos quehaceres”, reclamó.

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