Un accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como derrame cerebral, ocurre cuando el flujo de sangre hacia el cerebro se interrumpe o un vaso sanguíneo se rompe. Según la Organización Mundial de la Salud, es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo, por lo que identificar sus señales a tiempo es clave.

¿Qué es un accidente cerebrovascular?
El ACV se produce cuando el cerebro deja de recibir oxígeno y nutrientes, lo que puede causar daño en cuestión de minutos. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), existen dos tipos principales: el isquémico, causado por una obstrucción, y el hemorrágico, cuando un vaso sanguíneo se rompe.

Señales de alerta que no debes ignorar
Las autoridades sanitarias recomiendan prestar atención a síntomas repentinos como:
- Rostro caído o asimetría facial
- Debilidad o adormecimiento en brazos o piernas
- Dificultad para hablar o entender
- Problemas de visión
- Pérdida de equilibrio
- Dolor de cabeza intenso y repentino
Los CDC destacan que estos signos pueden aparecer de forma súbita y requieren atención inmediata.

Cómo identificar un ACV a tiempo
Especialistas utilizan la regla BE FAST para reconocer un posible ACV:
- B (Balance): pérdida de equilibrio
- E (Eyes): problemas de visión
- F (Face): rostro caído
- A (Arms): debilidad en brazos
- S (Speech): dificultad para hablar
- T (Time): tiempo de llamar a emergencias
Actuar en los primeros minutos puede reducir significativamente el daño cerebral.

¿Qué hacer ante un ACV?
La recomendación médica es llamar de inmediato a los servicios de emergencia. El CDC advierte que no se debe esperar ni automedicar, ya que el tratamiento oportuno puede salvar la vida y reducir secuelas.
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Un problema de salud global
El ACV representa una de las principales causas de muerte a nivel mundial, según la OMS. Además, el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos de EE. UU. señala que cerca del 80% de los casos son de tipo isquémico.
Factores como hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad y sedentarismo aumentan el riesgo de sufrirlo.
