June Kelly, una mujer de 48 años que practicaba triatlones y medias maratones, jamás imaginó que un síntoma aparentemente inofensivo terminaría revelando una grave enfermedad. Lo que comenzó como un persistente sabor metálico en la boca derivó en el diagnóstico de mieloma, un tipo de cáncer de la sangre considerado incurable, aunque tratable.
La británica, residente de Leeds, aseguró que se encontraba en una de las mejores etapas de su condición física cuando comenzaron los primeros síntomas. Además del extraño sabor que no desaparecía ni siquiera utilizando enjuague bucal, empezó a notar cansancio y dificultades para respirar durante los entrenamientos.
Preocupada por los cambios en su salud, acudió a una consulta médica y se sometió a análisis de sangre. Los resultados revelaron una situación crítica: sus riñones funcionaban apenas al cinco por ciento de su capacidad, por lo que fue trasladada de urgencia a un hospital.
Pocos días después recibió un segundo diagnóstico devastador. Los médicos confirmaron que padecía mieloma, un cáncer que afecta la sangre y la médula ósea. Según relató, la noticia cambió por completo su vida.

Los especialistas le explicaron que el sabor metálico que experimentaba estaba relacionado con la insuficiencia renal provocada por la enfermedad. Entre los síntomas del mieloma también pueden presentarse fatiga persistente, dolor, fragilidad ósea y problemas renales.
Tras el diagnóstico, June inició sesiones de quimioterapia y posteriormente se sometió a un trasplante de células madre. Aunque continúa recibiendo tratamiento y debe someterse a diálisis varias veces por semana, asegura que ha aprendido a valorar cada día y a enfocarse en sus metas familiares.
Actualmente comparte su experiencia durante la Semana de Concienciación sobre el Mieloma con el objetivo de alertar a otras personas sobre la importancia de prestar atención a señales poco habituales del cuerpo y acudir al médico ante síntomas persistentes.
