Lo que parecía una compra rutinaria de carne para el hogar podría haberse convertido en un riesgo sanitario de no ser por los controles municipales. Durante el primer trimestre de 2026, las autoridades de Quito decomisaron un total de 2.636,6 libras de carne (entre bovina y porcina) que no contaban con las garantías mínimas para el consumo humano.
El volumen más alto corresponde a la carne de cerdo, con 2.370,2 libras retiradas de circulación, mientras que la carne de res sumó 266,4 libras decomisadas. Los productos fueron hallados en condiciones críticas durante inspecciones a 364 establecimientos, que incluyeron desde grandes supermercados y frigoríficos hasta tercenas de barrio y micromercados.
El rastro de los camales clandestinos
Las intervenciones no solo se limitaron a revisar mostradores. En medio de las 32 acciones de control interinstitucional, las autoridades detectaron la operación de presuntos camales clandestinos. Estos lugares, que operan fuera de toda norma sanitaria, son el origen de productos que no garantizan la inocuidad y que ponen en peligro la salud de los quiteños al saltarse procesos básicos de faenamiento y refrigeración.
Durante las visitas técnicas, los peritos verificaron tres puntos críticos:
- Manejo del producto: Higiene en el manipuleo y corte.
- Cadena de frío: Temperaturas adecuadas para evitar la proliferación de bacterias.
- Documentación: Certificados que acrediten que el animal fue faenado en un centro autorizado.
¿Cómo identificar carne segura?
Ante estos hallazgos, la Empresa Pública Metropolitana de Rastro Quito hizo un llamado a la ciudadanía para que se convierta en el primer filtro de seguridad. Entre las recomendaciones clave están:
- Comprar solo en lugares formales que cuenten con sistemas de refrigeración operativa.
- Verificar el aspecto: La carne debe tener colores naturales, sin olores fuertes ni texturas pegajosas.
- Consultar el “Top de carnicerías”: Mensualmente, la entidad publica en sus redes sociales (@rastroquito) el listado de locales que cumplen con los estándares de manejo e inocuidad.
Esta vigilancia permanente busca frenar la comercialización de productos de origen dudoso, asegurando que la proteína que llega a la mesa de las familias quiteñas sea segura.
