En el mundo del derecho penal y la psiquiatría forense, pocas veces un testimonio resulta tan revelador como el obtenido por el Dr. Juan Montenegro tras evaluar a Andreina Lamota. En una reciente entrevista para RTS, el experto desglosó la personalidad de la mujer procesada, describiendo una “frialdad narrativa” que ha dejado atónitos a los investigadores.
Para Lamota, quitarle la vida a su madre no fue un arrebato pasional, sino una “solución lógica” a un conflicto familiar, de acuerdo al análisis del experto.
Un relato sin quiebres emocionales
Durante las cuatro horas de entrevista en la cárcel de mujeres, Lamota no mostró señales de arrepentimiento ni quiebres en su voz. Según el Dr. Montenegro, la procesada describió el matricidio con una precisión técnica aterradora.
“Ella tomaba medicina para dormir... aprovechó que se quedó dormida en el mueble de la sala. Cogí el cable del teléfono, se lo enrollé en el cuello y apreté”, relató Lamota ante el especialista.
Para el psiquiatra, este testimonio denota una preocupante falta de empatía. El uso del cable del teléfono y la espera estratégica a que la víctima estuviera indefensa bajo efectos de medicación, perfilan una mente con una orientación extrema hacia el control de la situación.

El desmembramiento como “pragmática” delictiva
Uno de los puntos más oscuros del perfil es el tratamiento posterior del cadáver. Lejos de entrar en pánico, Lamota detalló el desmembramiento —utilizando un tanque y una lavadora— como un método de descarte puramente pragmático.
Este comportamiento es el que hoy permite a la justicia establecer un paralelismo directo con el caso de Jennifer Banguera. Aunque Lamota niega haber asesinado a su mejor amiga en enero de 2022, el modus operandi es casi idéntico: una víctima del círculo íntimo, desmembramiento y el abandono de los restos en el sector de Sauces 9.
Para los peritos, el patrón es claro: Lamota aplica la eliminación física y metódica de aquello que, bajo su lógica interna, “le estorba”. El examen psiquiátrico no solo analiza un crimen pasado, sino que se convierte en la lente necesaria para entender la desaparición de Jennifer Vanguera, cuya familia esperó cuatro años por una respuesta que hoy, la ciencia y la psiquiatría, empiezan a entregar.
