El caso de Carolina Flores, asesinada el 15 de abril en un departamento de Polanco, continúa generando repercusiones en la opinión pública tras la aparición de nuevos testimonios que reconstruyen el entorno emocional previo al crimen. La joven, exreina de belleza de Baja California, fue víctima de un ataque armado que hoy investiga la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México bajo el protocolo de feminicidio, con la suegra, identificada como Erika “N”, como principal sospechosa.
En ese contexto, la declaración de una amiga cercana introduce un elemento revelador sobre la dinámica interpersonal que rodeaba a la víctima. En entrevista con Univisión, la testigo narró una conversación sostenida en febrero durante una visita a Ciudad de México.
“Le pregunté cómo era su relación con su suegra, y ella respondió que no era querida, que la situación se había deteriorado especialmente tras su embarazo”, relató. Este testimonio sugiere un patrón de tensión progresiva que, lejos de ser episódico, se consolidó como un factor estructural dentro del núcleo familiar.
Violencia psicológica y escalada de tensiones
Las declaraciones coinciden con la narrativa expuesta por familiares de la víctima, quienes han señalado que existía un ambiente de control emocional y conflictos recurrentes. La madre de Carolina, Reyna Gómez Molina, enfatizó públicamente que la relación entre ambas mujeres se volvió insostenible, describiendo un vínculo marcado por el distanciamiento y la hostilidad. “No entiendo cómo una madre pudo causar este dolor”, expresó en un mensaje difundido por medios internacionales, al tiempo que exigió la entrega voluntaria de la sospechosa.
Por su parte, la amiga de la víctima profundizó en la naturaleza de estos conflictos, describiendo episodios de “menosprecio, discusiones constantes y malos tratos”. Estas afirmaciones permiten inferir la existencia de violencia psicológica, una dimensión que en contextos de feminicidio suele ser un antecedente crítico en la escalada hacia agresiones físicas letales. La víctima, según su círculo cercano, evitaba confrontaciones directas, lo que habría contribuido a perpetuar una relación asimétrica y conflictiva.
La evidencia audiovisual que refuerza la investigación
El caso tomó un giro determinante tras la difusión de un video obtenido por el periodista Carlos Jiménez, en el que se observa a Erika “N” sosteniendo una conversación con Carolina Flores. La grabación, captada por una cámara con sensor de movimiento, se ha convertido en una pieza clave dentro del expediente judicial, al aportar contexto sobre las interacciones previas al crimen.
Aunque el contenido del video no ha sido divulgado en su totalidad, su existencia refuerza la hipótesis de una relación deteriorada que habría derivado en un desenlace violento. Las autoridades continúan analizando este material como parte del acervo probatorio, en paralelo a la búsqueda activa de la sospechosa, quien permanece prófuga.
