Los audios difundidos tras el ataque en la zona arqueológica de Teotihuacán exponen un patrón discursivo violento, coercitivo y con elementos de deshumanización explícita hacia las víctimas. En uno de los fragmentos más impactantes, el agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez, ordena: “¡Levántate, perra! Corta ese puto plástico, tienes un minuto. Si no lo haces, te disparo”.
Asimismo, el atacante intensificó la intimidación con frases como: “Tú deja de verme tanto. A la muerte no se mira directamente”, lo que evidencia una construcción simbólica del miedo basada en la imposición de poder psicológico sobre los turistas.

Narrativa delirante y construcción de terror colectivo
Otro de los elementos clave en los audios es la presencia de afirmaciones falsas que refuerzan la hipótesis de alteración mental. El agresor afirmó: “Los he sacrificado como a perros”, pese a que las autoridades confirmaron que dicha declaración no correspondía a hechos reales.
En otro fragmento, el atacante verbaliza: “Vosotros que habéis venido de Europa no vais a regresar. Si os movéis, os sacrifico. Esto se construyó para sacrificar”. La instrumentalización del simbolismo histórico del sitio arqueológico se convierte aquí en un mecanismo de legitimación violenta dentro de su discurso, elevando el nivel de terror colectivo entre las víctimas.

Coacción, control y dinámica de rehenes
El audio también revela intentos de negociación forzada. En una de las grabaciones se escucha: “Necesito a alguien. Tú, lárgate y dile a esos que tengo rehenes y si intentan subir, los voy a matar”. Este fragmento confirma la existencia de una estrategia de control territorial y presión hacia las autoridades, alineada con protocolos de situaciones de crisis con rehenes.
Perfil preliminar del atacante y desenlace
Las autoridades mexicanas señalaron que el agresor, de 27 años, presentaba “rasgos de psicopatía” y una desconexión con la realidad, elementos que se reflejan en la estructura de sus declaraciones. El individuo había planificado el ataque previamente, trasladándose desde la capital y portando un arma de fuego con munición suficiente.
El incidente concluyó cuando fue acorralado por fuerzas de seguridad, momento en el que decidió quitarse la vida. El análisis de sus palabras permite reconstruir no solo la secuencia del ataque, sino también la lógica interna de un agresor que buscaba generar un evento de alto impacto mediático.
