Los roedores no dan tregua en Guayaquil. Una mezcla crítica de factores, como la deficiente recolección de basura, el mal manejo de desperdicios y la intensidad de las lluvias, ha creado el escenario perfecto para que estas especies se multipliquen sin control.
Las cifras que maneja el Municipio de Guayaquil son alarmantes: se estima que existe un promedio de hasta 30 ratas por cada habitante.
Esto significaría que, en toda la urbe, conviven aproximadamente 50 millones de roedores con la ciudadanía.
El centro de Guayaquil, la zona más infestada
En sectores estratégicos como la zona comercial de la Bahía, ver ratas se ha vuelto una escena cotidiana y perturbadora, especialmente al caer la noche.
Quienes viven y trabajan allí señalan que los animales se mueven libremente entre alcantarillas y los montones de basura que pasan horas acumulados en las veredas.
Los comerciantes dicen que la crisis empeora cuando llueve, ya que el sistema de drenaje colapsa y los desperdicios se amontonan.
Acciones municipales frente a la plaga
Desde la municipalidad se asegura que el clima invernal es un detonante directo.
Las precipitaciones no solo favorecen su reproducción, sino que obligan a las ratas a abandonar sus madrigueras para buscar comida y refugio en las viviendas y locales.
En lo que va del 2026, el Cabildo reporta haber realizado más de 30.000 jornadas de desratización en diversos barrios. Sin embargo, el esfuerzo parece insuficiente para los guayaquileños.
Tanto comerciantes como moradores sostienen que, pese a estas intervenciones, la población de roedores sigue creciendo y las acciones actuales no logran contener la plaga de forma efectiva.
