Un pastor de la Iglesia Casa Shekinah, ubicada en Paço do Lumiar, en la región metropolitana de São Luís (Brasil), fue detenido por la policía tras una investigación que se extendió durante dos años por denuncias de abusos contra sus propios feligreses.
El operativo, denominado “Operación Falso Profeta”, permitió la captura del líder religioso dentro de su habitación, donde se encontraba acompañado de otro miembro de la iglesia que también estaría vinculado a las prácticas denunciadas.
Delitos investigados
Según las autoridades, el pastor está acusado de múltiples delitos, entre ellos:
- Fraude
- Violación de persona vulnerable
- Posesión sexual mediante fraude
- Asociación delictiva
De acuerdo con la investigación, el religioso aprovechaba que entre 100 y 150 personas vivían dentro del recinto religioso, lo que le permitía ejercer control sobre los fieles.

El jefe de la Comisaría de Paço do Lumiar, Sidney Oliveira, confirmó que hasta el momento se han identificado entre cinco y seis víctimas, aunque no se descarta que existan más afectados.
Castigos y control dentro de la iglesia
Las indagaciones revelan un patrón de violencia sistemática. Las víctimas habrían sido sometidas a castigos físicos, incluyendo golpes con látigos y objetos como sandalias.
Además, los feligreses eran obligados a escribir frases repetitivas como:“Necesito aprender a respetar a mi líder”, como parte de un sistema de control psicológico.
Videos difundidos por medios locales muestran estos castigos, evidenciando las condiciones a las que eran sometidos los seguidores.
Abusos y víctimas vulnerables
Las denuncias también incluyen abusos sexuales y psicológicos contra hombres, mujeres e incluso menores de edad, lo que agrava la situación legal del detenido.
El pastor, cuya identidad no ha sido revelada oficialmente, presuntamente utilizaba su posición de autoridad religiosa para manipular y someter a los fieles.
Investigación en curso
Las autoridades brasileñas continúan con las investigaciones para determinar el alcance total de los delitos y la posible participación de otros miembros de la organización.
El caso ha generado conmoción en Brasil, al evidenciar cómo estructuras religiosas pueden ser utilizadas para ejercer control y cometer delitos contra personas en situación de vulnerabilidad.
