Un caso que ha generado conmoción en Reino Unido vuelve a poner en debate la eficacia del sistema judicial. Tras casi 23 años, el agresor sexual Paul Quinn fue finalmente condenado por una violación ocurrida en 2003, crimen por el que un hombre inocente, Andrew Malkinson, pasó 17 años en prisión.
La sentencia se dio luego de un juicio de seis semanas en el Tribunal de la Corona de Manchester, lo que representa un alivio parcial para la víctima y para Malkinson, quien fue liberado en 2020 tras mantener su inocencia durante casi dos décadas.

Una investigación que falló desde el inicio
El caso se remonta al 19 de julio de 2003, cuando la investigación policial tomó un rumbo equivocado pocas horas después del ataque. Malkinson fue identificado por la víctima en una rueda de reconocimiento, pese a que no coincidía con detalles clave, como una herida en el rostro que ella aseguró haber causado a su agresor.
Además, no existían pruebas de ADN que lo vincularan con el delito. Sin embargo, su condena se basó principalmente en testimonios de identificación.

Pruebas ignoradas durante años
En 2007, un análisis de ADN realizado a una prenda de la víctima excluyó a Malkinson y reveló el perfil de un hombre desconocido. A pesar de esto, el caso no fue revisado a profundidad durante años.
No fue sino hasta 2022 cuando una coincidencia en la base de datos policial confirmó que el ADN correspondía a Paul Quinn, quien vivía cerca del lugar del crimen en ese momento.
Consecuencias y nuevas investigaciones
La condena de Quinn ha desencadenado una serie de investigaciones sobre posibles irregularidades. Exagentes de policía están siendo indagados por presunta mala conducta, mientras que autoridades de la Comisión de Revisión de Casos Penales han renunciado.
Asimismo, se inició una investigación pública para determinar cómo un inocente fue encarcelado durante tanto tiempo, pese a evidencias que pudieron haber cambiado el rumbo del caso años antes.

Un sistema bajo cuestionamiento
Tras recuperar su libertad, Malkinson afirmó que el sistema falló tanto a él como a la víctima. La Policía de Manchester ofreció disculpas oficiales, mientras el caso se convierte en un ejemplo crítico sobre la importancia de las pruebas científicas y la revisión oportuna de procesos judiciales.
