Las altas temperaturas registradas en Guayaquil y Samborondón no solo responden a condiciones climáticas, sino también a factores urbanos que intensifican la sensación térmica, según especialistas, quienes afirman que la falta de árboles y la predominancia de superficies como concreto y asfalto influyen directamente en cómo se percibe el calor en distintos sectores.
El doctor Fernando Larco explicó que uno de los elementos clave es la limitada cobertura vegetal en la ciudad. “Hay lugares donde no existen árboles que produzcan sombra. Guayaquil tiene zonas con muy poca cobertura vegetal, especialmente en el centro, el sur y los suburbios”, indicó.
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) ha reportado temperaturas superiores a los 30 °C en la región Costa durante abril, con alta radiación solar, condiciones que incrementan la sensación de calor en zonas urbanizadas.
Este escenario se relaciona con el fenómeno conocido como “isla de calor urbana”, en el que las ciudades registran temperaturas más altas que sus alrededores debido a la acumulación de calor en materiales como el cemento. Para la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), estas superficies absorben y retienen el calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche.
Ola de calor: Las Palmeras sembradas en Samborondón no serían suficiente
En el caso de Samborondón, el tipo de vegetación también incide en la temperatura percibida. “Hay muchas palmeras, que son visualmente atractivas, pero no generan sombra ni el mismo efecto que un árbol”, explicó Larco.
De acuerdo con el especialista, esto permite una mayor exposición directa a la radiación solar. “Cuando los rayos ultravioleta ingresan sin obstáculos, generan mayor acumulación de calor y aumentan la sensación térmica”, señaló.
Además, organismos como el World Resources Institute (WRI) advierten que la falta de cobertura vegetal en ciudades latinoamericanas incrementa el impacto del calor, especialmente en contextos de alta humedad como el de la Costa ecuatoriana.
El crecimiento urbano sin suficiente planificación de áreas verdes y la reducción de árboles contribuyen a este fenómeno, que se vuelve más evidente durante olas de calor.
En este contexto, especialistas coinciden en que la presencia de árboles no solo aporta sombra, sino que también ayuda a regular la temperatura ambiental, reduciendo el impacto del calor en la ciudad.
