Un triple crimen sacude a Uruguay. Un policía asesinó a su pareja, a sus suegros y luego se quitó la vida en Montevideo.
El hecho ocurrió en el barrio Punta de Rieles, en la capital uruguaya, donde un funcionario policial de 26 años atacó con su arma a su pareja, una joven de 18 años, y a los padres de ella, de 43 y 56 años.
Tras cometer el crimen, el agresor abandonó la vivienda y se trasladó hasta otro punto de la ciudad. Antes de suicidarse, llamó a su madre y le confesó que “se mandó una cagada” y que iba a quitarse la vida.
Su cuerpo fue encontrado dentro de su vehículo con un disparo en la cabeza.
La escena que encontró la familia
Horas después del ataque, un familiar de las víctimas llegó a la casa sin imaginar lo ocurrido.
Al ingresar, encontró primero el cuerpo de su padre en el suelo. Al no obtener respuesta, recorrió la vivienda hasta hallar a su madre y a su hermana sin vida en una habitación.
El joven relató que, ante el temor de que el atacante regresara, decidió esconderse en el techo de la vivienda.
Denuncias previas y señales de alerta
El caso toma mayor relevancia por un dato clave: el policía ya había sido denunciado semanas antes por amenazas.
Según testimonios de familiares, el agresor mostraba comportamientos violentos y celosos. Incluso habría utilizado su arma de reglamento para intimidar a la joven.
Además, otros familiares también lo habían denunciado previamente, lo que abre cuestionamientos sobre los mecanismos de control dentro de las instituciones.
Desde el Gobierno, autoridades calificaron el hecho como “devastador” y reconocieron que el Estado llegó tarde.
Un caso que reabre el debate
Este triple crimen no solo genera conmoción por su brutalidad, sino también por el contexto en el que ocurrió.
El hecho vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer los sistemas de prevención, protección a víctimas y control institucional, especialmente cuando los involucrados pertenecen a fuerzas de seguridad.
Una familia destruida
Familiares en entrevistas con medios locales, describieron el impacto del crimen como devastador. Recordaron a la joven como una persona “buena” y con toda una vida por delante, mientras que sus padres eran cercanos y comprometidos con su entorno familiar.
“Era una persona a la que se le abrió las puertas de la casa porque vivía acá. Mi familia siempre fue justa con él, siempre lo trataron bien. Que hiciera esto es una locura (...) Mi hermana era re buena. Era lo mejor. Tenía 18 años y no había vivido nada todavía. La quería mucho a la negra. Mis padres eran muy buenos, tenían una cercanía muy buena con mi hijo. Mi padres salía bajo lluvia, bajo cualquier circunstancia climática iba a buscar a mi hijo porque era muy pegado”, declaró el hijo y hermano de las víctimas a Canal 12.
Hoy, la tragedia deja no solo tres víctimas mortales, sino también una familia marcada por el dolor y preguntas sin respuesta.
