El reciente y trágico fallecimiento de una persona en la capital tras someterse a un tratamiento dental ha encendido las alarmas sobre la complejidad de los procedimientos odontológicos y, sobre todo, sobre la profunda conexión que existe entre la cavidad bucal y el resto del organismo.
Expertos en medicina integrativa y odontología neurofocal advierten que un diente no es solo una pieza de masticación, sino un componente activo de un sistema interconectado que puede influir directamente en la salud cardiovascular.
Según el Dr. Andrés Orces, especialista en el área, la premisa central es que las enfermedades sistémicas pueden tener su origen en la boca. Esta relación no es azarosa; se establece a través de las vías nerviosas y los meridianos que recorren el cuerpo, vinculando cada pieza dental con un órgano o sistema específico.
“El sistema neurofocal no es magia, es una ciencia que reconoce la profunda interconexión de nuestro ser”, explica el Dr. Orces.
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Las muelas del juicio están asociadas al corazón
En este mapa biológico, la relación con el corazón es crítica. Por ejemplo, se ha determinado que las muelas del juicio están frecuentemente asociadas con el corazón o el intestino delgado.
Bajo esta lógica, una infección crónica no diagnosticada en la raíz o una restauración inadecuada pueden transformarse en lo que los especialistas denominan un “campo de interferencia”.
“En el caso del sistema cardiovascular, una inflamación persistente en la encía o una infección silenciosa en un molar puede ser el detonante de complicaciones mayores”, dice Orces.
Los pacientes pueden experimentar desde migrañas y fatiga crónica hasta patologías más severas si el equilibrio del sistema neurofocal se rompe.
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Las enfermedades de los dientes que podrían provocarte un infarto:
Periodontitis (enfermedad de las encías)
Es la causa más común de problemas cardíacos de origen dental. No es solo “sangrado de encías”; es una infección profunda que destruye el hueso que sostiene los dientes.
- El riesgo: Las bacterias que causan la periodontitis viajan por el torrente sanguíneo y se alojan en las arterias coronarias. Esto favorece la formación de placas de ateroma (grasa y bacterias), lo que puede provocar un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.

Abscesos dentales e infecciones Periapicales
Un absceso es una acumulación de pus causada por una infección bacteriana (frecuentemente por una caries profunda que llegó al nervio).
- El riesgo: Si la infección llega al ápice (la punta de la raíz), las bacterias tienen acceso directo a los vasos sanguíneos. Esto puede derivar en una endocarditis bacteriana, una inflamación del revestimiento interno de las válvulas del corazón que puede ser fatal.
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Calces deteriorados
Las calzaduras de metal antiguas contienen mercurio, un metal pesado altamente tóxico.
- El riesgo: Con el tiempo, estas amalgamas se filtran o desprenden vapores que el cuerpo absorbe. El mercurio tiene una alta afinidad por el tejido cardíaco y puede contribuir a la hipertensión y a la degeneración de las células del corazón.
Pérdida de piezas dentales (edentulismo)
Aunque parezca un tema funcional, la falta de dientes afecta la salud cardiovascular de forma indirecta pero real.
- El riesgo: La pérdida de dientes dificulta una masticación correcta, lo que altera la digestión y la absorción de nutrientes, llevando a una dieta más blanda y procesada, alta en carbohidratos y grasas, lo que incrementa el riesgo de obesidad y enfermedades del corazón.
“Muchos pacientes llegan con inflamaciones arteriales severas sin factores de riesgo tradicionales como el tabaquismo o el colesterol alto. Al investigar, descubrimos procesos infecciosos crónicos en las encías o piezas dentales en mal estado. No podemos hablar de salud cardiovascular si no tenemos una boca saneada”, explica la Dra. Salazar.
Por su parte, la Dra. Ana Rivadeneira, odontóloga especialista en rehabilitación oral, aconseja “Antes de cualquier cirugía o tratamiento dental profundo, exige una evaluación integral”, recomienda Rivadeneira.
