La muerte de Luis Alberto Alarcón Herrera, de 37 años, en una clínica dental del norte de Quito no solo ha abierto un debate legal y médico en el país, sino que también ha dejado al descubierto la historia de vida de un hombre que, según sus familiares y cercanos, se destacó por su liderazgo, carisma y compromiso con su entorno.
Conocido por sus amigos y familiares como “Lucho”, nació el 31 de mayo de 1988. Fue el hijo mayor de Luis Alarcón y Martha Herrera, y hermano de Daniel y Pamela, desempeñando siempre un rol clave dentro de su familia como guía y apoyo.

Un líder desde joven
Desde sus años escolares en el Colegio Benalcázar, Alarcón se caracterizó por su personalidad positiva y su capacidad de liderazgo. Quienes compartieron con él lo recuerdan como una persona que motivaba a los demás y generaba vínculos sólidos.
Posteriormente, continuó su formación en la Escuela Politécnica del Ejército (ESPE), donde destacó por su desempeño académico y su capacidad para influir positivamente en su entorno. Sus altas calificaciones le permitieron incluso exonerarse de evaluaciones exigentes.
Más allá de lo académico, sus allegados resaltan su inteligencia, su alegría y su habilidad para inspirar a quienes lo rodeaban.

Una historia de amor de 18 años
Durante su etapa universitaria conoció a Alejandra Hernández, con quien construyó una relación de 18 años basada en el respeto y la complicidad. En noviembre de 2019 contrajeron matrimonio.
En enero de 2026, la pareja celebró el nacimiento de su hija, un momento que marcó profundamente la vida de Alarcón, quien asumió con entusiasmo su rol como padre.
Según su familia, uno de sus mayores sueños era compartir experiencias con su hija y construir un hogar donde pudiera crecer rodeada de amor y libertad.

Trayectoria profesional
En el ámbito laboral, se desempeñaba como Jefe de Marketing en la empresa Chaide & Chaide, donde trabajó durante más de una década.
Sus compañeros lo describen como un líder comprometido, creativo y cercano, capaz de motivar equipos incluso en momentos complejos.
Un estilo de vida marcado por el optimismo
Quienes lo conocieron coinciden en que Alarcón mantenía una filosofía de vida centrada en la felicidad y el optimismo. Era descrito como una persona resiliente, con una actitud positiva constante y una energía que impactaba en quienes lo rodeaban.
Además, era amante de los animales y mantenía un vínculo cercano con su perro Beily, considerado parte de su familia.

El caso que hoy se investiga
El 2 de abril de 2026, Alarcón ingresó a una clínica dental ubicada en la avenida 6 de Diciembre y Checoslovaquia, en Quito, para someterse a un procedimiento odontológico.
Durante la intervención, realizada bajo anestesia general, sufrió un paro cardiorrespiratorio y falleció.
Actualmente, el caso es investigado por la Fiscalía, y de acuerdo con el abogado de la familia, podría configurarse como un presunto delito de homicidio culposo por mala práctica médica, tipificado en el artículo 146 del Código Orgánico Integral Penal (COIP).

Las autoridades deberán determinar si existieron fallas en el procedimiento, incluyendo la justificación del uso de anestesia general, la identificación del profesional responsable y el cumplimiento de protocolos médicos.
El informe de autopsia y los resultados toxicológicos serán claves para definir la situación jurídica de los involucrados.
Mientras tanto, el establecimiento fue clausurado temporalmente por no contar con permisos para realizar este tipo de procedimientos.
Un legado que trasciende
Luis Alarcón deja una esposa y una hija de tres meses. Para su familia, su legado no se limita a su trayectoria profesional, sino a la forma en la que vivió: con alegría, compromiso y cercanía.

Su historia ha generado un impacto que trasciende el caso judicial y ha abierto una reflexión sobre la seguridad en procedimientos médicos y el control de establecimientos de salud en el país.
