Tristeza en la comunidad tras la muerte de Max, uno de los perros comunitarios más queridos y reconocidos de Quito.
El can, conocido como el “presidente vitalicio” de los Poliperros, falleció el 6 de abril de 2026, generando múltiples muestras de tristeza entre estudiantes, activistas y ciudadanos.
La noticia fue confirmada por la organización Poliperros, que durante años estuvo a cargo de su cuidado dentro y fuera del campus universitario.
Días antes de su fallecimiento, Max atravesaba un delicado estado de salud tras una recaída que no logró superar.
Un compañero inseparable de generaciones
En un comunicado difundido tras su partida, la organización recordó a Max —también llamado “Grandote” o “Toby”— como un símbolo de compañía y cariño.
“Su partida deja un vacío enorme, pero su legado vivirá en todos los corazones que supo tocar”, señalaron.
Durante años, Max fue parte de la vida cotidiana de estudiantes y docentes, convirtiéndose en un referente dentro de la comunidad politécnica.
Más que un perro comunitario
Max trascendió el campus universitario y se convirtió en un verdadero ícono de la ciudad.
Su historia inspiró proyectos académicos, celebraciones simbólicas e iniciativas de bienestar animal.
Era común verlo recorrer espacios públicos e incluso utilizar el transporte urbano, lo que fortaleció su conexión con la ciudadanía.
Su popularidad llegó al punto de ser homenajeado con una celebración de “quince años”, reflejo del cariño colectivo que generaba.
Reacciones y homenajes
Las muestras de pesar no tardaron en llegar. La Unidad de Bienestar Animal del Distrito Metropolitano expresó sus condolencias y destacó el papel de Max como referente del respeto hacia los animales comunitarios.
Asimismo, la organización Protección Animal Ecuador resaltó su impacto en la forma en que la sociedad percibe a los animales en situación de calle.
“Tus historias seguirán siendo contadas porque jamás te olvidaremos”, manifestaron.
Un legado que trasciende
La partida de Max no solo marca el fin de una etapa para la comunidad universitaria, sino que también deja una huella en el movimiento animalista del país.
Su historia refuerza la importancia del cuidado, respeto y convivencia con los animales comunitarios.
Hoy, Quito despide a un símbolo de empatía y conexión, cuyo recuerdo permanecerá en cada rincón que recorrió.
