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Pan del Alma: Amasando la esperanza en Monte Sinaí a través de la educación

Un grupo de mujeres de Monte Sinaí rompen ciclos de pobreza y violencia siendo parte del proyecto “Pan de Alma”.

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Proyecto Pan del Alma Monte Sinaí. Mujeres que son parte del proyecto muestran los panes que han elaborado dentro de la Manzana del Cuidado de Monte Sinaí. Foto: Cortesía

La alarma de su teléfono, que reposa en un pequeño banco cerca de su cama, suena antes de las seis de la mañana, el calor y la temperatura de 23 grados propia de Guayaquil interrumpen su placentero sueño y le anuncian que hay que prepararse para salir de casa.

Antes de tomar su bolso con unas cuantas herramientas de cocina, su mandil y gorro, Gabriela Castro, madre de familia de 43 años, deja todo listo en casa para sus hijos: dos adolescentes de 16 y 14 años, quienes cursan el colegio, y un joven de 18 que busca ingresar a la universidad.

Para Gabriela no hay tiempo que perder; como si fuera un reloj cumple cada tarea con precisión y con un solo compromiso en mente: sus hijos merecen un futuro mejor, un futuro con educación.

Esa educación que ella nunca conoció, pero que sueña para sus hijos; esas oportunidades que le fueron arrebatadas en su niñez, pero que hoy está convencida de que, con esfuerzo, las logrará para ellos. “Serán profesionales y hombres de bien”, es la idea que cruza por su mente cada vez que camina por las peligrosas calles de Monte Sinaí, donde las esquinas guardan misterios y la violencia ha encontrado su nido.


Camina con apuro, ese apuro común de quien transita por barrios de alta peligrosidad en Ecuador. Más que por perder tiempo, es una prisa provocada por el temor a ser acechado, asaltado o arrinconado por quienes están en el lado incorrecto del sistema.

Así, en menos de diez minutos, con prisa y sin pausa, Gabriela llega a la Manzana del Cuidado de la Prefectura del Guayas.

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Proyecto Pan del Alma - Monte Sinaí. Gabriela Castro comparte su historia de sacrificio y superación por sus hijos. Foto: Cortesía

En las instalaciones de esta casa comunal que funciona como un protectorado para miles de familias de sectores vulnerables se desarrolla el proyecto “Pan del Alma” que se ha convertido en símbolo de la inserción laboral. A través de la formación en pastelería y gastronomía, ha creado una estructura productiva donde 127 mujeres se han capacitado con el aval de instituciones como Ecotec, la Escuela de los Chefs y la empresa pública Guayas Estratégica.

Para estas madres de familia, “Pan del Alma” es un salvavidas social que, a través de la educación, busca alejarlas junto a sus familias de la violencia y el entorno de las drogas, brindándoles herramientas técnicas para su sustento diario

Gabriela se instala en la cocina, se pone el mandil y el gorro. Toma harina, agua y se hace un espacio en el mesón. Llegó la hora de amasar, sus manos empiezan a dar vida a la masa, integrando la harina con el agua y los demás ingredientes para dar inicio a la jornada.

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Pan del Alma. Gabriela Castro retira con cuidado un charol de panes recién horneados; el vapor que emana es el aroma del éxito de su jornada.

«Esto lo hago por mis hijos; quiero que sean personas educadas. Yo solo pude ir a la escuela, pero ellos sí serán profesionales. El mayor quiere estudiar Gastronomía y sueño con verlo convertido en un chef», comenta entre lágrimas, pero con profunda esperanza. También ríe de sí misma al afirmar: «Tocará “sacarme el aire”».

Se debe esperar al menos una hora para que la masa repose antes de entrar al horno; mientras tanto, las charlas y los cuentos en la cocina empiezan a tomar forma.

Es el momento de ponerse al día sobre la cotidianidad de la vida. Gabriela y sus compañeras Nelly Cedeño, de 45 años, y María Sánchez, de 55 -también madres de familia-, forman parte de “Pan del Alma”, confiesan que para ellas el proyecto “es una esperanza, un espacio que les ha permitido aprender, trabajar y soñar.

«Soy parte de “Pan del Alma” porque siempre me gustó la panadería. Empecé a trabajar para ganarme la vida y apoyar a mi familia; no ha sido fácil. Primero estudiamos, luego practicamos y ahora empezamos a elaborar pan», comparte María Sánchez.

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Pan del Alma. María Sánchez desde la Manzana del Cuidado de Monte Sinaí.

Ha aprendido a elaborar pan de pascua, rosca de reyes y, por si fuera poco, croissants y rollos de canela. Con la venta de estos productos, ella, al igual que Gabriela y Nelly, financia parte del gasto del hogar.

No ha estudiado Marketing, pero la vida le ha enseñado a ser estratégica. Ella es su propia publicidad: entre sus vecinos corre la voz y entrega muestras gratis para que conozcan su sazón y le compren.

«Me ha ido muy bien», dice. Y aunque la violencia del sector -que registra altos índices de robos, extorsión y el secuestro- le impide poner un letrero fuera de su casa para no atraer a los “vacunadores”, el miedo no la ha detenido. Su canal de venta es WhatsApp y ofrece el servicio de entrega a domicilio.

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Proyecto Pan del Alma Monte Sinaí. María Sánchez muestra un charol con panes enrollados, recién salidos del horno.

Por su parte, Nelly, quien lleva diez años viviendo en Monte Sinaí, confiesa que entró al proyecto motivada por los cursos de panadería. Con el tiempo, le tomó amor a este arte. «”Pan del Alma” para mí es un refugio, donde he aprendido con mis propias manos a ganarme la vida», comparte.

Ya montó en su casa un emprendimiento: con la venta de rosca de reyes en diciembre pasado, ahorró y compró un horno pequeño. También cuenta con equipo de ventas: sus hijos adolescentes, quienes apoyan a mamá en la distribución de las rosquitas.

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Proyecto Pan del Alma. Nelly sonríe satisfecha tras amasar y dar forma a los panes que, en pocos minutos, entrarán al horno.

«Aquí todos sumamos. Yo preparo fundas de rosquitas y me voy con mis muchachos a vender. Con esa venta sacamos para la comida del día y para el lunch de los niños en la escuela», comparte con mucho ánimo.

Nelly también es su propia contadora. Trabaja bajo pedidos cuidando el capital y la inversión, aunque confiesa entre risas: «A veces no me cuadran los números». Suelta una carcajada y levanta los hombros, como queriendo explicar que, a veces, no importa si no se gana tanto; lo importante es que hay para comer y para seguir adelante.

«Ahora que estamos en época de graduaciones, vendo bocaditos de sal y de dulce a 9 dólares el ciento. La semana pasada hice 1.500 bocaditos y gané 135 dólares, que me sirvieron para comprar alimentos y la lista de útiles de mis muchacho», comparte.

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Pan del Alma. El taller de aprendizaje de Pan del Alma, en Monte Sinaí, ha formado a 127 mujeres que cada día amasan mucho más que harina; moldean la esperanza de alcanzar un mejor futuro para ellas y sus familias.

Gabriela, María y Nelly tienen historias diferentes, pero coinciden en una misma motivación: educar a sus hijos. Para ellas —como para toda madre que se guía por el instinto antes que por la teoría— basta con sentir.

Sienten con el alma que el único motor capaz de cambiar el destino de sus familias es la educación. No trabajan solo por dinero; trabajan para educar. No construyen sueños propios; son las arquitectas del futuro de sus hijos.

Nada las ha detenido, ni la violencia ni las amenazas del sector donde viven. Contra todo pronóstico y estadística, ellas están convencidas de que sacarán a sus hijos de la pobreza a través de la educación.

La educación transforma y abre oportunidades. Eso es exactamente Pan del Alma: una posibilidad para escapar de la exclusión y una puerta para que cientos de mujeres aprendan a ganarse la vida con honradez y dignidad. Es el sustento para que adolescentes y jóvenes —como los hijos de Gabriela, María y Nelly— continúen su formación gracias al ingreso que sus madres obtienen amasando y horneando pan cada día.

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Proyecto Pan del Alma - Monte Sinaí.

En Monte Sinaí, el proyecto Pan del Alma se ha convertido en el símbolo de la inserción laboral. En una estructura productiva donde 127 mujeres se han formado con el aval de instituciones como Ecotec, la Escuela de los Chefs y la empresa pública Guayas Estratégica.

El impacto educativo del programa se traduce en resultados tangibles que demuestran la eficacia de este modelo de formación comunitaria:

Las mujeres que son parte de Pan del Alma lograron vender más de 16.000 panes de pascua en el 2025, superando la meta inicial de 10.000 unidades.

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Proyecto Pan del Alma - Monte Sinaí.

Comercializaron más de 800 roscas en enero pasado. En meses de alta demanda, algunas beneficiarias han alcanzado ingresos superiores a los 400 dólares, permitiéndoles romper ciclos de violencia al obtener autonomía financiera.

En el registro global de las nueve Manzanas del Cuidado, ya existen 320 mujeres emprendedoras que generan sus propios ingresos.

En Monte Sinaí, el respeto al proyecto es tal que la comunidad se ha empoderado del espacio, protegiéndolo de extorsiones y robos, entendiendo que la Manzana es un patrimonio de y para las mujeres que cuidan.

La educación es un salvavidas para las familias

La educación no es solo una herramienta de formación; es un derecho humano fundamental que se sitúa en el centro de la misión de organismos estatales, privados e internacionales.

Bajo esta premisa, la educación —reconocida como el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS 4) en la Agenda 2030— se convierte en el verdadero salvavidas para las familias y los niños de sectores vulnerables.

Es el conocimiento el que dota a las personas del poder necesario para tomar decisiones responsables y sostenibles en el tiempo, permitiéndoles no solo sobrevivir, sino transformar su entorno.

En Monte Sinaí, cada pan que sale del horno es una lección aprendida y una prueba de que, cuando se invierte en educación, se está invirtiendo en la libertad y el futuro de toda una comunidad.

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