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¿Quién era Anthony Guilberth Jaya Coloma? El joven que soñaba con “no romantizar la pobreza”

El estudiante de Ciencias Políticas y deportista cuya vida fue truncada tras un secuestro extorsivo en Quito.

¿Quién era Anthony Guilberth Jaya Coloma? El joven que soñaba con “no romantizar la pobreza”
¿Quién era Anthony Guilberth Jaya Coloma? El joven que soñaba con “no romantizar la pobreza”. Foto: Cortesía

Anthony Guilberth Jaya Coloma tenía 24 años. Era estudiante de séptimo semestre de Ciencias Políticas en la Universidad Central del Ecuador, deportista disciplinado y, según su familia, un joven convencido de que el conocimiento era la única herramienta real para cambiar el país.

Su nombre salió a la luz pública tras el secuestro ocurrido el 7 de enero de 2026 en la avenida Colón, en Quito, que derivó en una exigencia de USD 200.000 y posteriormente en el hallazgo de restos humanos en el sur de la capital. El caso es investigado por la Fiscalía, y estaría vinculado a una estructura criminal que operaba en la ciudad.

Detrás del proceso judicial y de la reconstrucción de los hechos, hay una historia personal marcada por esfuerzo académico, formación deportiva y un fuerte carácter protector dentro de su hogar.

Un hijo y hermano protector

“Me duele el alma contarle”, dice su familia a Metro Ecuador. Lo describen como un hermano y un hijo ejemplar, respetuoso, educado y querido por profesores y compañeros.


En casa, aseguran, era quien protegía y apoyaba. Su entorno más cercano lo recuerda como una persona caritativa, dispuesta a tender la mano cuando alguien lo necesitaba.

¿Quién era Anthony Guilberth Jaya Coloma? El joven que soñaba con “no romantizar la pobreza”
¿Quién era Anthony Guilberth Jaya Coloma? El joven que soñaba con “no romantizar la pobreza”. Foto. Cortesía

“Siempre ayudaba. Por eso decidió prestarle dinero”, afirman sus familiares al referirse a la llamada que recibió el 7 de enero, día donde lo secuestraron, extorsionaron, robaron y le quitaron la vida.

Disciplina en el deporte

Anthony entrenaba artes marciales mixtas (MMA), Wushu y lucha libre. Participó en campeonatos nacionales en ciudades como Cuenca y Ambato, obteniendo reconocimientos.

La disciplina deportiva era parte central de su rutina. No fumaba ni bebía alcohol, según su familia, y mantenía una vida alejada de excesos. Su entorno lo describe como enfocado, constante y comprometido con cada actividad que emprendía.

El deporte no solo era competencia: era estructura, formación y autocontrol.

Formación académica y pensamiento crítico

En la Universidad Central del Ecuador cursaba séptimo semestre de Ciencias Políticas. Su tesis —que estaba en proceso de desarrollo— giraba en torno a una idea que repetía con frecuencia: “No romantizar la pobreza”.

Su propuesta, explican sus allegados, buscaba generar conciencia sobre la responsabilidad social y económica al momento de formar una familia. Consideraba que la falta de estabilidad y acceso a educación puede reproducir ciclos de desigualdad y violencia.

Le gustaba debatir temas políticos y sociales. Era crítico y directo en sus posturas, pero —según quienes lo conocieron— sostenía que todo lo que había alcanzado a su edad era producto de su propio esfuerzo.

Secuestro, extorsión y muerte: el caso de Anthony Jaya, el estudiante raptado y desmembrado en Quito
Secuestro, extorsión y muerte: el caso de Anthony Jaya, el estudiante raptado y desmembrado en Quito. Foto: Cortesía

De Lago Agrio a Quito

Anthony nació en Lago Agrio. Posteriormente vivió en Riobamba, donde culminó sus estudios secundarios, antes de trasladarse a Quito para continuar su formación universitaria.

Su familia apostó por la educación como motor de movilidad social. Él, dicen, asumió ese compromiso con seriedad.

Recibió un reconocimiento honorífico por su destacado desempeño académico, algo que —aseguran— lo motivaba a proyectarse hacia una carrera vinculada al análisis político y social.

Un proyecto de vida interrumpido

A sus 24 años, Anthony combinaba estudios universitarios con entrenamiento deportivo. Su familia insiste en que no tenía antecedentes penales, conflictos conocidos ni amenazas previas.

“Fue un inocente más que murió a manos de la delincuencia”, sostienen.

Hoy, fuera del país por temor a represalias, sus familiares aseguran que el dolor no les impide exigir justicia.

Más allá del proceso judicial en curso, insisten en que Anthony no debe ser recordado únicamente como una víctima de la violencia, sino como un joven disciplinado, académico y protector, cuya vida giraba en torno al esfuerzo personal y la convicción de que el país necesita mayor conciencia social.

Su tesis quedó inconclusa. Su familia, en cambio, afirma que su mensaje sigue vigente: no normalizar la desigualdad ni aceptar la violencia como destino inevitable.

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