Lo que parecía un simple dolor de garganta se convirtió en una pesadilla para Jennifer Gavin, una joven escocesa de 30 años que terminó en coma durante diez días tras desarrollar sepsis, una infección potencialmente mortal que afecta órganos vitales.
Su historia, que comenzó como un viaje de cumpleaños, terminó siendo una lección sobre la importancia de escuchar al cuerpo y actuar a tiempo.
De un resfriado común a una emergencia médica
En septiembre de 2024, Jennifer, originaria de Greenock (Escocia) y residente en Londres, comenzó a sentir un dolor de garganta leve. Pensó que era una gripe pasajera, como la que sufrían sus amigos y compañeros de trabajo.
“Todos estaban resfriados, así que creí que era lo mismo. No me preocupé”, contó a The Mirror.
A pesar del malestar, decidió viajar a Oporto, Portugal, para celebrar su cumpleaños. Pero lo que parecía una molestia menor se transformó rápidamente: fiebre alta, dolores musculares y agotamiento extremo.
“Me dolía todo el cuerpo y apenas podía moverme. Pensé que era una gripe fuerte”, relató.
Un diagnóstico erróneo
Tras regresar a Reino Unido, Jennifer visitó a su médico de cabecera, ya que padece enfermedad de Crohn y tiene un sistema inmunológico debilitado.
El diagnóstico inicial fue simple: una gripe común. Le recomendaron reposo y líquidos, sin imaginar lo que realmente ocurría en su cuerpo.
Los días siguientes fueron un tormento. La fiebre no cedía, sentía el corazón acelerado y un cansancio insoportable. Una noche, alarmada por los síntomas, decidió llamar al servicio de emergencias del 111.
La operadora le indicó que fuera inmediatamente a urgencias. Esa llamada, sin saberlo, le salvó la vida.
“Cuando llegué al hospital, el médico me miró y me dijo que tenía mucha suerte de haber venido. Si no lo hacía, probablemente no habría sobrevivido a la noche”, recordó Jennifer.
Diez días en coma y una batalla por sobrevivir
Una vez ingresada, los médicos no lograban identificar la causa de su grave estado. Pensaron que podía ser un problema biliar, un brote de Crohn o incluso hepatitis.
Pero la realidad era peor: la sepsis ya estaba atacando varios órganos, lo que hacía casi imposible determinar el foco de la infección.
Finalmente, se confirmó que Jennifer sufría una neumonía grave que se había expandido por el torrente sanguíneo.
Su cuerpo colapsó y los médicos la indujeron a coma para mantenerla con vida.
Durante los 10 días en cuidados intensivos, recibió ventilación asistida, antibióticos intravenosos, drenajes torácicos y múltiples intervenciones para controlar el daño pulmonar.
“Tenía litros de líquido en los pulmones. Me drenaron varias veces y me administraron distintos antibióticos porque no sabían cuál era el foco. Pasé 10 días en coma y tres semanas en total en el hospital”, contó.
Una segunda oportunidad
Cuando despertó, Jennifer no podía creer lo que había ocurrido. Los médicos le explicaron que su rápida decisión de volver al hospital fue lo que le salvó la vida.
Hoy, recuperada, busca crear conciencia sobre los peligros de la sepsis, una enfermedad poco comprendida que puede desarrollarse tras una infección común.
“Aprendí a confiar en mis instintos. Si algo no se siente bien, busca ayuda. Si hubiese esperado más, no estaría aquí. La sepsis puede ser mortal en cuestión de horas”, reflexionó.
¿Qué es la sepsis y cómo detectarla?
La sepsis ocurre cuando una infección desencadena una reacción inmune descontrolada, provocando inflamación generalizada y daño a órganos vitales como el corazón, los pulmones o los riñones.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco fallecimientos en el mundo está relacionado con esta condición.
Los principales síntomas de alarma incluyen:
- Fiebre alta o temperatura muy baja.
- Respiración rápida o dificultad para respirar.
- Confusión, somnolencia o desorientación.
- Escalofríos, sudoración excesiva o piel fría.
- Pulso acelerado o presión arterial baja.
El tratamiento inmediato con antibióticos y soporte médico es clave para evitar un desenlace fatal.
Una historia que salva vidas
Jennifer asegura que su experiencia le cambió la vida y espera que su testimonio sirva de advertencia a otras personas.
“Era una mujer sana, jugaba netball cinco veces por semana, viajaba, trabajaba a tiempo completo… Jamás imaginé que algo así podía pasarme”, dijo.
Hoy, su historia no solo inspira, sino que también recuerda que incluso un “simple dolor de garganta” puede ser la señal de una emergencia médica.
“Si mi historia hace que alguien más actúe a tiempo, habrá valido la pena”, concluyó.
