Han pasado dos meses desde que Alina Piguave Narváez, de 19 años, desapareció en circunstancias aún sin esclarecer. La joven, recordada por haber sido reina del cantón Puerto López (Manabí), fue vista por última vez el sábado 27 de diciembre de 2025, cuando acudió al velorio de su novio, Erwin José Véliz, asesinado ese mismo día.
Desde entonces, su familia vive en una espera angustiosa, entre la fe y la incertidumbre.

“Le dijeron que habían asesinado a su novio y salió corriendo”
En diálogo con API Agencia Prensa-Independiente, Mayra Narváez, madre de Alina, relató paso a paso cómo fue aquel día. Su voz refleja la mezcla de desesperación, amor y esperanza que la acompaña desde entonces.
“Mi hija estaba en casa durmiendo. A las 11 de la mañana salió de su cuarto corriendo porque le habían llamado para decirle que al novio lo habían asesinado”, recordó.
Aquel día, su esposo acompañó a Alina al subcentro de salud donde confirmaron la muerte de Erwin.

“De ahí no sé qué más pasó allá. Ella regresó otra vez a la casa a buscar ropa para que le pusieran a él”, explicó.
Luego, Alina fue hasta Zalango, acompañada por un amigo, para entregar la vestimenta del joven fallecido. Horas después volvió a su hogar, se cambió y decidió regresar al velorio.
“Estuvo aquí un rato con su amiga, la novia del otro chico asesinado. Comieron, se bañaron, y ella se sentó a jugar un rato con mi nieto. Me dijo: ‘Mamita, qué desgracia esto que nos ha pasado’. Yo le dije: ‘Tranquila, mi amor, todo pasa’. Entonces me respondió: ‘Me voy a velar un rato a Erwin, aunque sea por última vez’”.

“Se puso la camiseta de él y salió en un taxi”
Antes de salir, Alina se vistió con una camiseta de su novio, pantalón y zapatos deportivos. Su padre le dio dinero para el taxi.
“Nos preguntó si la acompañábamos, pero yo no podía porque estaba cuidando al niño y mi esposo tenía que irse al trabajo. Se fue en el taxi y se despidió”, contó la madre.

Esa fue la última vez que la vieron.
Horas más tarde, cerca de las 21:00, Mayra intentó comunicarse con su hija:
“Le escribí: ‘¿Qué hay, Alina? ¿Cómo va la cosa?’ y no me respondió. A las 9 y 12 me mandó un mensaje que decía: ‘Mamita, ya voy para la casa, ya le cuento lo que me pasó acá’. Pero nunca llegó.”
Minutos después, el teléfono de Alina se apagó. La familia intentó llamarla una y otra vez, sin respuesta.
“Le dije a mi esposo: ‘Alina me escribió hace un rato, ya deberían ser las nueve y veinte y no llega’. Su celular se apagó, no entraban los mensajes ni las llamadas”, relató.

La búsqueda inmediata
Alina nunca volvió a casa. Preocupados, sus padres llamaron al 911 y una patrulla acudió a su vivienda.
“Nos fuimos con tres policías hasta Zalango. Llegamos a la casa donde era el velorio. Pregunté por ella y un señor me dijo que la iba a mandar en una camioneta, pero que no quiso, que dijo que se venía en taxi”, relató Mayra.
Pero el taxi nunca llegó.
“Le dije: ‘Si se vino en taxi, ya debía estar aquí’. Me respondió: ‘No sé, señora’. Esa fue la última respuesta que recibí.”
Esa noche, la familia recorrió el malecón, el estadio y varios lugares que Alina solía frecuentar, sin hallarla.
Las investigaciones y la esperanza
La Policía Nacional mantiene la investigación bajo reserva. El coronel Geovanny Naranjo, jefe en Manabí y Santo Domingo de los Tsáchilas, había explicado en enero que la principal línea apunta a que Alina habría sido interceptada y retenida contra su voluntad mientras acudía al velorio, en medio de una jornada violenta en el cantón.
“Son versiones que se están analizando, pero no podemos afirmarlas mientras no existan elementos concluyentes”, precisó el oficial.
Alina mantenía una relación sentimental con Erwin José Véliz, alias ‘Gallero’, uno de los dos hermanos asesinados aquel 27 de diciembre.
La familia ha difundido videos y mensajes en redes sociales pidiendo celeridad en las investigaciones y el uso de todos los recursos disponibles para encontrarla.
“Yo no la siento muerta”
Pese al tiempo transcurrido, Mayra Narváez se aferra a la esperanza.
“Para ser sincera, yo a mi hija no la siento que está muerta. No. No la siento”, dijo con la voz entrecortada.
