En la mitología griega, Hércules enfrentó en su segundo trabajo a la Hidra de Lerna, un monstruo acuático de múltiples cabezas que regeneraba dos por cada una que era cortada. Solo con la ayuda de su sobrino Yolao logró cauterizar los cuellos con fuego para evitar la regeneración y enterrar la cabeza inmortal.
Ese relato literario sirve hoy como metáfora del crimen organizado.
Si bien la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, representa un golpe significativo para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) —una de las organizaciones criminales más poderosas de México y del narcotráfico transnacional—, no significa necesariamente su desaparición.
Tras el operativo del Ejército mexicano, el país ha registrado episodios de violencia protagonizados por civiles armados presuntamente vinculados al grupo. Los narcobloqueos que paralizaron cuatro estados del occidente mexicano, con vehículos incendiados y aeropuertos cerrados, no fueron una despedida: fueron una advertencia.
La pregunta es clara: ¿quién tomará el control?
La sucesión no es sencilla
El escenario es complejo. Rubén Oseguera González, alias “El Menchito”, hijo de “El Mencho”, fue extraditado a Estados Unidos y sentenciado a cadena perpetua. Su figura, que parecía natural en la línea de sucesión, quedó descartada.
A partir de allí, varios nombres aparecen en expedientes de inteligencia y reportes de medios mexicanos.
“El 03” o “El Plumas”
Uno de los perfiles más señalados es Juan Carlos Valencia González, alias “El 03”, “El R3” o “El Plumas”, hijastro de “El Mencho” e hijo de Rosalinda González Valencia, conocida como “La Jefa”.
Su nombre figura en el tercer escalón de la estructura criminal. Se le atribuye la creación y conducción del “Grupo Élite”, el brazo armado del CJNG.
Ha sido vinculado a ejecuciones selectivas, incursiones en territorios rivales y control de plazas en disputa. Operaría en la región sureste de Jalisco con influencia extendida hasta Colima.
En 2019 fue acusado en un tribunal de Washington por conspiración para distribuir cocaína y metanfetaminas hacia Estados Unidos. Por su captura se ofrecen cinco millones de dólares.

“El Sapo”
Otro posible sucesor es Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, alias “El Sapo”.
Según la Fiscalía General mexicana, tendría respaldo de familiares de “El Mencho”, lo que le otorgaría legitimidad interna más allá de su peso territorial. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo identifica como un alto mando especializado en estrategias de reclutamiento.
Su eventual ascenso no estaría ligado al parentesco —como ocurre en estructuras tipo clan— sino a su capacidad operativa y militar.

“El Jardinero”
Audias Flores Silva, alias “El Jardinero”, encarna el perfil del jefe regional con peso estratégico.
Controlaría operaciones en Jalisco, Michoacán y Nayarit, además de supervisar la expansión hacia Zacatecas, uno de los territorios más disputados en los últimos años.
Analistas lo consideran uno de los hombres más poderosos del CJNG, no por linaje familiar, sino por su rol como administrador territorial y operador logístico.

“El Doble R”
Ricardo Ruiz Velasco, alias “El Doble R” o “El R2”, opera en la zona metropolitana de Guadalajara, el epicentro histórico del cártel.
Reportes de inteligencia lo ubican como una figura con fuerte control sobre la infraestructura urbana del grupo: finanzas, logística y redes de protección política. Algunos informes incluso lo sitúan por encima de “El 03” en términos de influencia real.

“El Tío Lako”
Heraclio Guerrero Martínez, alias “El Tío Lako”, completa el listado de posibles sucesores.
Estaría vinculado al robo de combustible y al control de zonas estratégicas en Michoacán. Aunque su peso sería más regional que nacional, su control sobre fuentes alternativas de financiamiento lo convierte en una pieza clave dentro de la economía criminal del CJNG.

¿Reestructuración o fragmentación?
El escenario puede derivar en una reestructuración interna o en una fragmentación violenta.
La historia reciente muestra precedentes. En Ecuador, tras el asesinato de Jorge Luis Zambrano, alias “JL”, líder de “Los Choneros” en diciembre de 2020, se produjo una fractura que desencadenó una espiral de violencia carcelaria y territorial.
El paralelismo con la Hidra cobra sentido: cortar una cabeza no siempre elimina al monstruo. A veces, lo multiplica.
La caída de “El Mencho” puede ser un punto de inflexión, pero no necesariamente el final del CJNG. En estructuras criminales de esta magnitud, la sucesión no es un vacío: es una disputa.
Y cuando el poder se disputa en el narcotráfico, la violencia suele ser el lenguaje dominante.
