Durante la década de 1970, John Wayne Gacy llevó una doble vida que estremeció a Estados Unidos. Empresario exitoso, participante activo en eventos comunitarios y conocido por interpretar a “Pogo el payaso” en fiestas infantiles, ocultaba una de las historias criminales más perturbadoras del siglo XX.
Mientras mantenía una imagen de ciudadano ejemplar en Chicago, secuestró, abusó y asesinó a decenas de jóvenes.
La fachada del hombre respetable
Gacy dirigía una próspera empresa de construcción y tenía vínculos con círculos políticos locales. Se fotografiaba con figuras públicas y participaba en actos benéficos, lo que fortalecía su reputación.
Esa imagen de hombre trabajador, servicial y familiar le permitió ganarse la confianza de la comunidad. Muchos de sus víctimas eran jóvenes que buscaban empleo y que acudían a él atraídos por oportunidades laborales.
Su personaje de “Pogo el payaso” terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más inquietantes del caso. Nadie sospechaba que detrás del maquillaje y el traje colorido se escondía un asesino serial.

El hallazgo que estremeció a Estados Unidos
La caída de Gacy comenzó en diciembre de 1978, tras la desaparición de un adolescente de 15 años. La investigación condujo a la Policía hasta su vivienda.
En el espacio sanitario debajo de la casa, los agentes descubrieron 26 cuerpos enterrados. La propiedad se había transformado en un cementerio clandestino.
Posteriormente, Gacy confesó haber asesinado a 33 personas. Admitió que algunas de sus últimas víctimas fueron arrojadas a un río cercano.
El caso impactó profundamente a la opinión pública y generó uno de los procesos judiciales más seguidos de la época.

Juicio y condena
Durante el juicio, la defensa intentó alegar locura. Sin embargo, peritos y testimonios concluyeron que Gacy comprendía la naturaleza de sus actos y era consciente de sus crímenes.
Fue condenado a muerte y ejecutado mediante inyección letal en mayo de 1994.
Impacto cultural
La figura de Gacy dejó una marca duradera en la cultura popular. Su caso alimentó el miedo colectivo hacia los payasos y ha sido señalado como una de las inspiraciones detrás de personajes de terror contemporáneos, como Pennywise en la novela It de Stephen King.
Décadas después, su historia sigue siendo uno de los capítulos más oscuros de la crónica criminal moderna.
