Los archivos desclasificados de Jeffrey Epstein no solo exponen su red de contactos y delitos, sino también una faceta inquietante: su obsesión con la genética, la longevidad y la supuesta “mejora” del ADN humano. Documentos judiciales y reportes de medios internacionales como The New York Times, The Wall Street Journal y The Guardian dan cuenta de reuniones, correos y financiamiento a proyectos científicos que hoy generan más preguntas éticas que respuestas.
¿Qué revelan los archivos sobre la obsesión genética de Epstein?
Más allá de sus crímenes —por los que fue procesado y cuya causa quedó inconclusa tras su muerte en 2019— los documentos judiciales y testimonios revelan que Epstein financió investigaciones vinculadas al ADN, la biología molecular y la medicina regenerativa.
Según investigaciones publicadas por The New York Times, el magnate sostuvo reuniones con científicos de alto perfil y mostró un interés particular en la secuenciación genética, las células madre y las tecnologías para ralentizar el envejecimiento. Incluso se sometió a pruebas genéticas para analizar su propio material biológico.
En correos electrónicos conocidos durante los procesos judiciales, se evidencian tensiones con académicos por retrasos en resultados de investigaciones financiadas por él. Es decir, no era un simple donante: quería participar, opinar y dirigir.
El punto más polémico aparece cuando se mencionan conversaciones sobre edición genética con tecnologías como CRISPR, una herramienta científica real y ampliamente estudiada, pero cuyo uso en embriones humanos está rodeado de fuertes debates éticos y regulatorios.
¿Eugenesia moderna? El debate que encendieron sus conversaciones
Uno de los aspectos más inquietantes es su aparente fascinación por ideas cercanas a la eugenesia, una corriente desacreditada por la comunidad científica por su vínculo histórico con políticas discriminatorias y violaciones a los derechos humanos.
Diversos reportes periodísticos indican que Epstein planteaba debates sobre “mejorar” rasgos humanos mediante ingeniería genética. Incluso, según testimonios citados por la prensa internacional, fantaseaba con la idea de aumentar su descendencia utilizando selección genética.
También salieron a la luz reuniones con académicos e intelectuales de renombre. Algunos de ellos, como Noam Chomsky, reconocieron haber mantenido encuentros, aunque negaron cualquier vínculo con actividades ilícitas o apoyo a sus posturas.
Lo que queda claro es que Epstein buscaba legitimarse a través del mundo científico, financiando investigaciones de vanguardia y rodeándose de figuras influyentes.
Desde una mirada analítica, el caso vuelve a poner sobre la mesa un tema clave: ¿hasta dónde puede llegar el financiamiento privado en la ciencia sin controles éticos sólidos?
Porque aquí no se trata solo de genética o longevidad. Se trata de poder, influencia y la delgada línea entre innovación científica y fantasías peligrosas disfrazadas de progreso.
