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Lo que reveló la autopsia del policía que murió dentro de un hotel en Quevedo

Tragedia en Quevedo: Autopsia revela que sobredosis de escopolamina acabó con la vida de policía y un civil

Un policía y un civil muertos, dos agentes heridos en un hotel de Quevedo
Un policía y un civil muertos, dos agentes heridos en un hotel de Quevedo (Creada con AI)

La conmoción se apodera del cantón Quevedo, en la provincia de Los Ríos, tras revelarse los escabrosos detalles sobre la muerte del cabo segundo de policía Cristhian Alejandro Bravo Murillo y su tío, Luis Gonzaga Franco.

Ambos perdieron la vida en la habitación 44 del hotel Buenaventura, un inmueble ubicado estratégicamente cerca del centro penitenciario donde el uniformado prestaba servicios.

La autopsia revela violencia:

Lo que inicialmente se reportó como una riña bajo efectos del alcohol ha tomado un matiz criminal mucho más oscuro.

El informe de autopsia confirmó que la causa del deceso del agente Bravo fue una sobredosis de escopolamina.


Según las pericias, las víctimas no solo fueron drogadas para quedar inconscientes, sino que también presentaban signos de una violencia brutal.

Los cuerpos de los cuatro ocupantes de la habitación (tres policías y un civil) mostraban múltiples arañazos, golpes y lesiones profundas, presuntamente infligidas con picos de botellas rotas.

Aunque todos fueron trasladados con vida al hospital Sagrado Corazón de Jesús, la toxicidad de la sustancia y la gravedad de las heridas resultaron fatales el policía y civil.

Mujeres estuvieron en el lugar:

La pieza clave de la investigación reside en las grabaciones de las cámaras de seguridad del hotel.

El registro audiovisual muestra que dos de los policías y Luis Franco ingresaron al establecimiento acompañados por tres mujeres; posteriormente, un tercer uniformado se sumó a la reunión.

Las imágenes captaron el momento exacto en que las tres sospechosas abandonaron el hotel horas antes de que se descubriera la tragedia.

La Policía Nacional maneja la hipótesis de un ataque premeditado bajo la modalidad de robo con sustancias químicas, aunque aún se ejecutan labores de inteligencia para dar con el paradero de las implicadas.

La despedida de las víctimas ha sumido a la comunidad en un profundo dolor.

Cristhian Bravo Murillo, con 11 años de trayectoria en la institución, anhelaba culminar su servicio en Quevedo para retornar a Milagro y establecerse definitivamente con su esposa y sus dos hijas.

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