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95% de homicidios en Ecuador son intencionales: ¿Atraviesa un estado de psicosis criminal el país?

Analizamos el concepto de “psicosis criminal” con expertos, estadísticas de homicidios 2025-2026 y el impacto de bandas.

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La psicosis es una condición que distorsiona la conexión con la realidad. Según datos del Ministerio del Interior analizados para este reporte, el 91% de las víctimas de homicidios en Ecuador son hombres. (Yuri Arcurs peopleimages.com)

En el arranque de 2026, Ecuador se enfrenta a un espejo deformante. Mientras las calles se blindan con rejas y operativos militares, un término empieza a ganar terreno en el imaginario colectivo: la “psicosis criminal”.

Para entender este fenómeno, consultamos con especialistas en psiquiatría forense. La psicosis, en términos clínicos, es la pérdida de contacto con la realidad. Sin embargo, en el contexto delictivo ecuatoriano, adquiere un matiz distinto.

“La psicosis criminal no siempre implica que el delincuente esté ‘loco’ en el sentido tradicional. Se trata de una ruptura de los frenos inhibitorios provocada por la exposición prolongada a la violencia extrema, el consumo de sustancias y la deshumanización del ‘otro’. El criminal deja de percibir a la víctima como un ser humano y comienza a operar bajo delirios de poder o paranoia constante, donde matar se convierte en una respuesta defensiva u operativa ‘lógica’ dentro de su realidad distorsionada”, comparte el psicólogo Christian Tomalá.

Sin embargo, detrás de esta etiqueta, expertos advierten que lo que vive el país no es una patología clínica masiva, sino una respuesta racional ante una violencia que ya no conoce techos estadísticos.


¿Qué dicen las estadísticas?

A pesar de una ofensiva estatal inédita, el país no ha logrado frenar la sangría. Según el tablero oficial del Ministerio del Interior, el cierre de 2025 dejó una huella devastadora: se registraron 7.553 homicidios intencionales hasta el 31 de octubre, de los cuales el 95.9% corresponde estrictamente a violencia criminal.

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La fragmentación de bandas y el uso de armas de fuego en el 88.6% de los crímenes han transformado el tejido social ecuatoriano.

El impacto demográfico es desolador y constante. El 91% de las víctimas son hombres, concentrándose la mayor afectación en los estratos más jóvenes y productivos de la población: De 25 a 34 años: 2,689 casos (el grupo más golpeado). De 18 a 24 años: 1,651 casos.

La mayoría de estos crímenes (88.6%) se ejecutan con armas de fuego.

Según el informe de la organización Acled (Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados), el país se perfila para registrar la tasa de homicidios más alta de América Latina por tercer año consecutivo.

Este fenómeno es impulsado por la competencia territorial y económica entre grupos de delincuencia organizada, la fragmentación de bandas tras la captura de líderes y el rol estratégico de Ecuador en el narcotráfico regional.

¿Psicosis o conducta desviada? El análisis experto

Para el Psicólogo Emilio Carrillo, docente de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), es fundamental no “psicopatologizar” el crimen. Carrillo explica que los individuos en organizaciones criminales presentan una conducta desviada, un desajuste entre su comportamiento y las normas sociales.

“Cuando hablamos de psicosis, hablamos de enajenación o alejamiento de la realidad. Pero si una persona comete un delito y se siente perseguida o paranoica, no está fuera de la realidad; su temor es real”, afirma Carrillo.

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La fragmentación de bandas y el uso de armas de fuego en el 88.6% de los crímenes han transformado el tejido social ecuatoriano en un escenario de hipervigilancia y estrés postraumático colectivo.

El experto distingue esto del comportamiento psicopático, donde no hay culpa ni responsabilidad, sino una frialdad perversa sobre los actos cometidos. Aunque el entorno de violencia puede generar estados de confusión o una “psicosis criminal” técnica en ciertos individuos por el entorno de delincuencia, esto no debe generalizarse a toda la población ni a todos los delitos.

El impacto en la ciudadanía: Una sociedad en alerta

Desde la Escuela de Riesgos de la UIDE, el abogado Wilson Goyes enfatiza que, si bien el término “psicosis” se usa metafóricamente para describir el miedo social, no existe un diagnóstico clínico de psicosis colectiva.

“Ecuador registró en el 2025 una tasa de entre 50 y 52 homicidios por cada 100,000 habitantes. Lo que hay es una percepción de inseguridad elevada (83% en Quito y 65% nacional) y síntomas de estrés postraumático", señala Goyes. El experto identifica que factores como la desigualdad, la desorganización social y la baja confianza en las instituciones judiciales alimentan este pesimismo.

Esta realidad ha transformado el comportamiento del ecuatoriano:

Hipervigilancia: “El ciudadano vive en un estado de alerta que lo vuelve precavido y distante”, explica el psicólogo Tomalá.

Fractura social: Se ha perdido la apertura cultural de ayudar a desconocidos en la calle por miedo a una agresión.

Autoconfinamiento: Los barrios se blindan con puertas en cada manzana, buscando seguridad en el aislamiento y el encierro.

La “psicosis” en Ecuador no es un delirio; es la respuesta de una sociedad que intenta adaptarse a un entorno donde la muerte violenta es una estadística diaria y el control territorial de las bandas desafía al Estado.

Con proyecciones que sugieren que los homicidios anuales podrían superar los 9.000 casos, la crisis demanda más que operativos, requiere sanar un tejido social donde el miedo se ha convertido en la única norma de convivencia.

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