El caso de Adrián Conejo Arias y su pequeño hijo Liam Conejo Ramos, de apenas 5 años, ha conmovido a la comunidad migrante en Estados Unidos. El padre ecuatoriano relató que, desde que ambos fueron arrestados por agentes de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) el pasado 20 de enero en Minneapolis, su hijo vive con miedo, sufre pesadillas y no ha vuelto a ser el mismo.
“No ha sido nada fácil todo esto que nos ha tocado vivir. Mi hijo todavía está asustado, tiene miedo de todo lo que pasó. Todos en la familia estamos muy asustados con lo que estamos viviendo”, confesó Adrián en una entrevista con Noticias Telemundo.
La detención ocurrió durante un operativo contra la inmigración en el estado de Minnesota, y terminó con el traslado de la familia a un centro de detención para inmigrantes en Texas, donde permanecieron varios días.
El 1 de febrero, un juez federal ordenó la liberación de Adrián y Liam, permitiendo que regresaran a su hogar en Minneapolis. Sin embargo, el trauma del encierro dejó marcas profundas, especialmente en el niño.
Pesadillas y miedo constante
Desde su regreso, la familia intenta retomar la normalidad, pero el pequeño Liam sigue afectado psicológicamente.
“Mi hijo no ha vuelto a ser el mismo desde que todo esto pasó. En las noches se levanta llorando, grita ‘papi, papi’ y tengo que correr a abrazarlo. Tiene pesadillas, se asusta con cualquier ruido”, relató Adrián con la voz entrecortada.
El ecuatoriano reveló que actualmente viven escondidos, con temor a ser nuevamente detenidos.
“Nadie sabe dónde estamos. Tenemos miedo de salir a las calles y que vuelva a suceder lo mismo. Mi hijo no entiende por qué nos pasó esto.”
La historia de Adrián y su hijo refleja el impacto humano y psicológico de las redadas migratorias en las familias que buscan una vida mejor en Estados Unidos.
El costo humano de las redadas migratorias
El arresto de Adrián y Liam formó parte de una operación masiva de ICE en Minnesota, en la que fueron detenidas decenas de familias.Este tipo de operativos, aseguran organizaciones humanitarias, violan los derechos de los niños y dejan secuelas emocionales profundas.
Diversas entidades defensoras de migrantes, como RAICES y Amnesty International, han denunciado que las detenciones de menores en entornos hostiles generan ansiedad, estrés postraumático y miedo a las autoridades, afectando su desarrollo emocional y psicológico.
“Estas acciones no solo separan familias; destruyen infancias”, enfatizan los defensores.
“Queremos vivir sin miedo”
Adrián llegó a Estados Unidos con la esperanza de ofrecerle a su hijo un futuro digno, pero ahora su prioridad es vivir sin miedo.
“Solo queremos tranquilidad. No somos criminales, somos una familia que vino a trabajar, a salir adelante. Mi hijo no entiende por qué pasó todo esto”, expresó con tristeza.
Aunque su liberación les dio un respiro, el futuro legal de la familia aún es incierto. Organizaciones de apoyo migrante acompañan su caso para evitar una deportación y garantizar que el niño reciba atención psicológica.
Mientras tanto, Liam intenta recuperar su sonrisa en medio de la ansiedad, los recuerdos del encierro y la incertidumbre sobre lo que viene.
“Quiero que mi hijo vuelva a ser el mismo, que vuelva a jugar, a reír… eso es todo lo que pido”, concluyó su padre.
