En tiempos donde la Inteligencia Artificial (IA), las aplicaciones e incluso los influencers prometen el “menú perfecto”, la figura del nutricionista cobra más fuerza que nunca.Detrás de cada plan de alimentación, hay una historia clínica, emociones, hábitos, economía y salud mental que ninguna app ni ChatGPT puede medir con precisión.
Así lo explica la nutricionista Alejandra Avellán, quien advierte que la tecnología es una aliada valiosa, pero nunca un reemplazo profesional. Su mensaje es claro: la alimentación es más que calorías y gramajes; es biología, emoción y contexto.
“Las apps no son precisas, solo estiman”
“Las aplicaciones que calculan calorías o planes alimenticios funcionan con fórmulas generales que solo ofrecen un estimado”, aclara Avellán. “Si quieres datos realmente precisos, tendrías que estar en un laboratorio, bajo monitoreo y con análisis clínicos. Las apps no consideran eso.”
Y aunque algunas herramientas permiten ingresar peso, talla o edad, no incluyen factores determinantes como condiciones médicas, salud mental, medicación, nivel de estrés o situación económica.
“No es lo mismo comer saludable con abundancia que hacerlo con un presupuesto limitado”, enfatiza la especialista.
Por qué ChatGPT dice 1.500 calorías y la app 1.300
Cada sistema utiliza fórmulas distintas. Algunas priorizan el peso, otras el metabolismo basal o la edad.El problema, según Avellán, es que las personas terminan creyendo que esos valores son exactos.
“Y no lo son. Son una guía muy general. Si confías solo en eso, puedes caer en déficit calórico, pérdida de masa muscular o desbalances nutricionales.”
Un plan humano no se mide solo en calorías
Cuando un nutricionista elabora un plan alimenticio, realiza una antropometría completa: mide masa muscular, grasa visceral y ósea, revisa exámenes de laboratorio, hábitos, medicación y estado emocional.
“Nuestro trabajo es educativo”, explica Avellán.“Ayudamos a que el paciente entienda cómo funcionan los alimentos en su cuerpo y a construir una relación sana con la comida. Eso no lo puede hacer una app.”
La profesional subraya que la diferencia clave está en la personalización y el acompañamiento.“Las apps solo entregan números; nosotros enseñamos hábitos, empatía y pensamiento crítico”, dice.
Cambiar un hábito alimenticio no requiere 21 días
En redes abundan los retos de “21 días para cambiar tu cuerpo”. Pero la ciencia dice otra cosa.
“Un hábito real se consolida entre 60 y 90 días”, aclara Avellán.“El cambio requiere constancia, refuerzo mental y educación. A los 21 días apenas estás empezando a entender el proceso.”
Mantener los hábitos —añade— es la parte más desafiante. “El objetivo no es solo bajar de peso, sino aprender a comer sin miedo ni culpa.”
Los riesgos de seguir dietas de apps o IA
Según Avellán, seguir un plan de ChatGPT o una app sin supervisión profesional puede traer graves consecuencias:
- Déficit calórico prolongado.
- Pérdida de masa muscular.
- Desbalance de electrolitos.
- Deficiencia de vitaminas y micronutrientes.
- Ansiedad y mala relación con la comida.
- Trastornos de conducta alimentaria (TCA).
“En personas con TCA, estas apps pueden empeorar la obsesión por contar calorías y dañar su salud mental. Lo que empieza como ‘control’ puede volverse un peligro”, advierte.
Las apps que calculan calorías con fotos: ¿sirven?
Las herramientas que prometen reconocer los alimentos por una fotografía son cada vez más populares, pero su precisión es muy limitada.
“No saben el tamaño del plato, la distancia de la foto ni los ingredientes reales de la preparación. Si hay aceites o productos ultraprocesados, el cálculo cambia completamente”, explica la experta.“Usarlas como guía puede llevar a conclusiones erróneas.”
Tecnología: aliada, no autoridad
Avellán no demoniza la tecnología. La considera una herramienta útil si se usa con criterio profesional.
“La IA y las apps pueden ayudar a monitorear progreso o registrar alimentos, pero no tienen criterio científico ni empatía humana”, señala.“La diferencia está en que el nutricionista sabe interpretar esos datos y adaptarlos a la realidad de cada paciente.”
El trabajo conjunto entre tecnología y profesionales podría, dice, “acelerar resultados, pero nunca reemplazar el juicio clínico”.
El rol insustituible del nutricionista
“La IA carece de humanidad, ética y sensibilidad”, afirma con firmeza.“Los nutricionistas somos intérpretes de la información. Educamos, guiamos y empatizamos con las historias de vida. Ese vínculo humano es insustituible.”
Avellán considera que su papel va más allá del conteo calórico: es acompañar, escuchar y adaptar la ciencia a la persona real.
“En un mundo saturado de información, somos guías entre tanto ruido digital.”
Errores comunes al seguir dietas de apps, influencers o retos virales
Las redes sociales están llenas de “consejos nutricionales” sin base científica.
“El principal error es eliminar grupos de alimentos completos, especialmente carbohidratos, creyendo que engordan”, advierte Avellán.“También prometer resultados rápidos o usar testimonios como prueba científica. Ningún cuerpo reacciona igual.”
Estos mensajes fomentan la culpa, la comparación y las dietas extremas.
“Y eso alimenta un ciclo de frustración. Las redes no muestran la parte emocional ni los riesgos detrás de esos cambios drásticos”, dice.
Señales de que tu plan alimenticio no está funcionando
¿Cómo saber si lo que estás haciendo le hace bien a tu cuerpo?Avellán sugiere observar indicadores más allá del peso:
Sí estás bien:
- Tienes energía estable durante el día.
- Duermes bien (7 horas seguidas).
- No sientes ansiedad por la comida.
- Tu digestión es regular.
Si algo no va bien:
- Cansancio constante o frío.
- Caída del cabello.
- Dolores de cabeza o mareos.
- Irregularidades menstruales.
- Obsesión con la comida o miedo a comer fuera del plan.
“Cuando la alimentación genera aislamiento, culpa o cansancio, algo está mal”, sentencia la nutricionista.
Volver a lo humano
Las apps pueden medir, pero no acompañan. Pueden calcular calorías, pero no entienden emociones.En la era del ruido digital, los nutricionistas —como Alejandra Avellán— siguen siendo la brújula que devuelve el sentido común a la alimentación.
“La tecnología puede sumar, pero sin humanidad no hay salud”, concluye.“Y eso solo lo aporta el vínculo entre paciente y profesional.”
