El presidente de Colombia, Gustavo Petro, llegó a Washington con un mensaje de diplomacia y reconciliación tras semanas de tensiones con el presidente estadounidense Donald Trump. Aunque la visita buscaba fortalecer la cooperación bilateral en seguridad regional y narcotráfico, los gestos simbólicos dominaron la atención.
Según informó la Casa de Nariño, Petro llevó dos obsequios representativos de la cultura colombiana: una cesta indígena Wounaan, elaborada por artesanos de la región del Chocó, como presente para Trump, y un vestido hecho a mano por artesanos indígenas de Nariño, destinado a la primera dama Melania Trump.
Ambos regalos fueron seleccionados como símbolo de diversidad, trabajo comunitario y tradición artesanal del país.
La oficina de Petro publicó una imagen de ambos líderes caminando por la columnata hacia el Despacho Oval, acompañados por el embajador Daniel García-Peña, quien sostenía una copia del libro de Trump The Art of the Deal. La fotografía contrastó con la fría bienvenida que recibió el mandatario colombiano.
Una llegada inusual a la Casa Blanca
A diferencia de otros líderes internacionales, Trump omitió recibir a Petro en el tradicional Pórtico Norte de la Casa Blanca, donde suele realizarse la foto oficial ante la prensa.
En su lugar, el presidente colombiano ingresó por una entrada lateral en la Avenida Ejecutiva Oeste, minutos antes del inicio del encuentro programado.
Durante la reunión, que se extendió por cerca de dos horas, los mandatarios discutieron sobre seguridad regional, narcotráfico y cooperación bilateral.
No hubo declaraciones conjuntas, algo que Trump acostumbra realizar al inicio o cierre de las visitas oficiales.
El encuentro ocurrió semanas después de que el presidente estadounidense amenazara con una posible acción militar contra Colombia y acusara al gobierno de Petro de “inundar Estados Unidos con cocaína”.
Sin embargo, en declaraciones previas al encuentro, Trump reconoció que la actitud del mandatario colombiano “ha cambiado mucho” y se mostró optimista sobre una colaboración más estrecha en materia antidrogas.

A pesar de los gestos diplomáticos, el clima político entre ambos líderes sigue siendo tenso. Petro ha mantenido fuertes críticas hacia Trump, a quien recientemente calificó como “cómplice de genocidio” en referencia al conflicto en la Franja de Gaza.
También ha cuestionado públicamente la operación estadounidense para capturar al entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, calificándola como un “secuestro internacional”.
Antes de partir hacia Washington, Petro pidió a los colombianos manifestarse en Bogotá durante su encuentro con Trump, mientras su administración realizaba gestos conciliatorios hacia Estados Unidos, como la reanudación de deportaciones de ciudadanos colombianos y la extradición de Andrés Marín Silva, alias Pipe Tuluá, por delitos de narcotráfico.
Un encuentro bajo tensión
Petro viajó acompañado por la ministra de Relaciones Exteriores Rosa Yolanda Villavicencio, el ministro de Defensa Pedro Arnulfo Sánchez Suárez y el embajador Daniel García-Peña.Trump, por su parte, estuvo acompañado por el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el senador republicano Bernie Moreno, nacido en Colombia.
Previo al encuentro, Petro compartió un video en el que expresó que “la lucha contra el narcotráfico ha tenido un costo personal” para él y su familia, ya que varios de sus hijos viven en el extranjero por motivos de seguridad. “Nosotros sí la hemos sufrido directamente y de verdad”, afirmó el mandatario colombiano, acompañado por una de sus hijas y su nieta.
Tras la reunión bilateral, Petro ofreció una conferencia de prensa en la embajada colombiana en Washington, en la que reiteró su intención de mantener “una relación pragmática y respetuosa” con el gobierno estadounidense, pese a las diferencias políticas y personales con Trump.
Ha habido un cambio en las relaciones entre EEUU y Colombia
Históricamente, Bogotá ha sido un aliado de Washington. En los últimos 30 años, Estados Unidos ha trabajado estrechamente con Colombia, el mayor productor mundial de cocaína, para arrestar a narcotraficantes, repeler a grupos rebeldes y fomentar el desarrollo económico en áreas rurales. Colombia también está designada por Estados Unidos como un importante aliado no perteneciente a la OTAN.
Pero las relaciones entre los líderes se han tensado por la acumulación de fuerzas estadounidenses en la región para realizar ataques militares mortales sin precedentes dirigidos a embarcaciones sospechosas de contrabando de drogas en el Caribe y el Pacífico oriental. Al menos 126 personas han muerto en 36 ataques conocidos.
En octubre, la administración republicana de Trump anunció sanciones a Petro, su familia y un miembro de su gobierno por acusaciones de participación en el comercio mundial de drogas.
El Departamento del Tesoro impuso las sanciones contra Petro; su esposa, Verónica del Socorro Alcocer García; su hijo, Nicolás Fernando Petro Burgos y el ministro del Interior, Armando Alberto Benedetti.
Las sanciones, que tuvieron que ser levantadas para permitir que Petro viajara a Washington esta semana, se produjeron después de que Estados Unidos anunció en septiembre que, por primera vez en tres décadas, agregaría a Colombia a la lista de naciones que no cooperan en la guerra contra las drogas.
Luego vino la audaz operación militar el mes pasado para capturar a Maduro y su esposa para enfrentar cargos federales de conspiración de drogas, una acción que Petro ha denunciado enérgicamente. Tras la destitución de Maduro, Trump puso a Colombia en aviso y advirtió ominosamente a Petro que podría ser el siguiente.
Colombia está “dirigida por un hombre enfermo que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”, dijo Trump sobre Petro el mes pasado. “Y no lo va a hacer por mucho tiempo, déjenme decirles”.
Pero unos días después, las tensiones se aliviaron un poco tras una llamada entre los líderes. Trump dijo que Petro en su conversación de una hora explicó “la situación de las drogas y otros desacuerdos” y Trump extendió una invitación a Petro para la visita a la Casa Blanca.
