La decisión de Estados Unidos de retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) marca uno de los quiebres más significativos en la gobernanza sanitaria internacional de las últimas décadas. El anuncio fue confirmado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), que informó la terminación total del financiamiento estadounidense a la OMS, así como el retiro inmediato de su personal y contratistas integrados en la organización.
Según el comunicado oficial, EE.UU. también cesó su participación en comités técnicos, órganos de liderazgo y estructuras de gobernanza patrocinadas por la OMS. Aunque se dejó abierta la posibilidad de colaboraciones puntuales —como en la definición de la composición de vacunas contra la gripe—, la ruptura institucional es profunda y estratégica.
Para la administración estadounidense, el argumento central es claro: la OMS no ofreció el retorno esperado frente a la inversión económica y humana realizada por EE.UU., pese a ser históricamente su mayor financiador.
Las críticas de EE.UU. a la OMS por la pandemia de covid-19
Uno de los puntos más sensibles de esta decisión está relacionado con la gestión de la pandemia de covid-19, un episodio que continúa marcando la política sanitaria global. Desde la óptica del Gobierno estadounidense, la OMS falló en momentos clave.
El HHS sostiene que la organización tardó en declarar una emergencia de salud pública global, lo que —según su análisis— costó semanas críticas mientras el virus se expandía sin control. Además, acusa a la OMS de respaldar públicamente la respuesta inicial de China, pese a existir indicios tempranos de subregistro, supresión de información y retrasos en reconocer la transmisión entre humanos.
Otro punto de fricción fue la reticencia de la OMS a reconocer el contagio aéreo del virus, así como la minimización del rol de personas asintomáticas en la propagación del covid-19, factores que influyeron directamente en políticas de prevención y confinamiento a nivel mundial.
¿Qué significa la salida de EE.UU. para la OMS y la salud global?
La retirada estadounidense representa un golpe financiero y político para la OMS. Aunque la organización recibe aportes de múltiples países, EE.UU. era su principal sostén económico, lo que inevitablemente obligará a una reconfiguración presupuestaria y operativa.
Desde Washington, sin embargo, el mensaje es otro. Un alto funcionario del HHS aseguró que esta acción permitirá que las políticas de salud pública de Estados Unidos no estén condicionadas por burócratas extranjeros sin rendición de cuentas. La frase refleja una postura soberanista que prioriza la autonomía nacional en decisiones sanitarias.
Paradójicamente, el mismo Gobierno afirmó que Estados Unidos seguirá siendo un líder mundial en salud, incluso fuera de la OMS, apostando por alianzas bilaterales, inversión en ciencia y control interno de sus políticas epidemiológicas.
Un trasfondo político que va más allá de la salud
Más allá de lo sanitario, esta ruptura también debe leerse en clave geopolítica. La relación entre Estados Unidos, China y los organismos multilaterales atraviesa una tensión creciente, donde la OMS quedó atrapada en medio de disputas de poder, narrativa y liderazgo global.
