Era tarde, estaba agotado y solo quería llegar a casa.Un segundo bastó para que Byron —un joven guayaquileño de 29 años— se convirtiera en protagonista del un video que se viralizó en redes.Su choque con un Maserati en un parqueadero de Quito no solo le dejó una deuda de miles de dólares, sino también una enseñanza que hoy comparte con humor y honestidad.
El miércoles 14 de enero, Byron terminó su jornada laboral pasadas las 23:30. Trabaja en una empresa en la que esa semana había sido particularmente intensa. Necesitaba descansar y su mente solo pensaba en una cosa: llegar a casa y comer algo.
En entrevista con Metro Ecuador aseguró que no estaba ni tomado, ni distraído, estaba cansado.
Durante toda la semana, detrás de su carro se había estacionado siempre el mismo vehículo. No uno de alta gama. Pero esa noche, sin que él lo notara, había otro auto ocupando ese espacio.
“Puse retro y escuché un golpe. Sentí que algo se quebró. Me bajé, vi y era un Maserati.” Pero Byron no huyó. Dejó sus datos con el guardia y se fue a casa con la conciencia pesada.
El precio del lujo: 6.500 dólares y un susto monumental
Al día siguiente, Byron regresó para evaluar el daño.El dueño del Maserati no tenía seguro, así que él decidió adelantarse y pedir una cotización en el taller oficial.Horas después recibió la cifra que le cambió el ánimo: USD 6.300.Días después, el monto subió a 6.500 por daños ocultos.
Cuando finalmente habló con el dueño, el hombre estaba comprensiblemente molesto. Sin embargo, Byron fue empático, pidió disculpas y mostró las pruebas del accidente.
El señor al principio estaba enojado, pero cuando vio que Byron asumió su responsabilidad y que fue al taller, que quería arreglar todo, se calmó.
De un golpe al volante a viralizarse
Lo que vino después fue inesperado.Un amigo suyo subió el video del choque a una cuenta de Instagram, y en cuestión de horas la historia se volvió viral.Las redes se llenaron de comentarios. Algunos lo aplaudían por su responsabilidad, otros lo criticaban sin saber los hechos.
“Recibí más críticas que ayuda. Decían que era hijo de papi y mami, que el carro era mío, o que era un narco”, expresó.
Abrumado por los comentarios, decidió abrir una nueva cuenta llamada @ElSaladoDelMaserati para separar su vida personal del revuelo. “Una persona me aconsejó hacerlo, y fue buena idea”, agregó.
La rifa solidaria
Sin seguro y con una deuda imposible de cubrir, Byron recurrió a la creatividad.Organizó una rifa solidaria con todo lo que tenía a la mano.
“Rifé todo lo que no usaba: un televisor, una bici, un whisky que me sobró de Navidad, un tatuaje de una amiga y hasta un celular nuevo que me regalaron en el trabajo.”, detalló.
Diseñó el flyer, y lo publicó en redes con el lema “entre risas y rifas, saldando deudas”.En pocas horas, el post volvió a viralizarse, pero esta vez con tono más empático.
Hasta ahora lleva recaudados unos 2.000 dólares. “No es todo, pero es algo.”
Byron es enfático: no fue imprudencia ni distracción, fue agotamiento físico y mental.Una consecuencia más común de lo que muchos creen.
El chico sigue trabajando en Quito, pagando poco a poco la deuda y enfrentando la viralidad con humor.Su historia, más allá del accidente, ha sido vista por miles de personas como un ejemplo de responsabilidad y civismo.
