El asesinato de un pastor evangélico y su hija de 19 años marcó el inicio de una jornada sangrienta en Durán, el miércoles 6 de enero, una fecha que dejó al descubierto la gravedad de la violencia en el cantón.
Con estos hechos, la localidad ya suma al menos 13 muertes violentas en lo que va de 2026, según registros policiales.
El primer ataque ocurrió en horas de la mañana y generó conmoción por la modalidad utilizada y por el perfil de las víctimas, ajenas —según la Policía— a estructuras del crimen organizado.
Flores como engaño para matar
El crimen se registró cerca de las 11:30, cuando dos sujetos en motocicleta llegaron hasta una vivienda con un arreglo floral.
Fingiendo una entrega, tocaron la puerta y solicitaron ingresar. Al no recibir autorización, forzaron la entrada y dispararon contra Julio César V., de 60 años, pastor de una iglesia evangélica, y su hija Gina V., de 19.
El novio de la joven, quien también resultó herido por impactos de bala, relató a la Policía que los atacantes estaban encapuchados y actuaron de forma directa.
Un hijo del pastor confirmó que se encontraba en el baño cuando escuchó los disparos y, al salir, ya era demasiado tarde.
Un error fatal y un trasfondo sentimental
Según las primeras indagaciones, los sicarios buscaban a otra hija del pastor, Sharon Rebeca V., quien habría sobrevivido a un atentado armado meses atrás en Guayaquil.
La similitud física entre ambas hermanas habría provocado una confusión mortal.
“El crimen tendría un carácter pasional. Los atacantes ingresaron al dormitorio al escuchar la voz y dispararon”, explicó el coronel Santiago Gavilánez, jefe del distrito Durán.
La Policía descartó, por ahora, vínculos con bandas delictivas organizadas.
En la escena se levantaron cuatro vainas percutidas calibre 9 milímetros, una bala deformada y el arreglo floral, que será sometido a pericias para identificar huellas.
