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¿Quién hace los deberes en casa tu hijo o tú?

El Centro Educativo ILVEM te presenta sus proyectos de solución para niños y adultos.

La respuesta a muchas necesidades educativas supone un esfuerzo coordinado y continuado entre la familia y la escuela. Por lo general es común que el docente se encuentre en su trabajo con los alumnos dificultades, problemas y demandas que solo puede resolver con el consenso y la colaboración del entorno familiar.

Para esto hemos conversado con un grupo de expertos del Centro Educativo ILVEM. En el que los padres pueden formarse y convertirse en personas que entrenen a sus hijos, puesto que son la figura más importante, pero sobre todo ya no en el aprendizaje de las técnicas sino en el mantenimiento de las mismas. O al contrario también pueden ser los hijos los que aprendan y pongan en práctica junto a su entorno familiar. Lo que bien es cierto es que dentro de este centro no existe un límite de edad y desde los 3 años 9 meses pueden ingresar.

Qué es la atención y la concentración?

Cuando nuestros hijos se distraen y no se centran en sus tareas, somos muy dados a decir que no prestan atención. Realmente ese no es el problema, sino la falta de concentración.

Cuando los niños reciben un nuevo estímulo, se dirigen directamente a él. Cuando se trabaja la concentración, en cambio, mantienen el interés centrado en la tarea a completar. Observamos que ambos conceptos están unidos uno con el otro, aunque son procesos diferentes.

¿Por qué es importante trabajar la concentración?

Para todos los ámbitos de la vida necesitamos concentración. El estar concentrados nos ayudará a trabajar la memoria, la reflexión y la imaginación, entre otros. Si conseguimos focalizar nuestra atención en un objeto o tarea durante un intervalo de tiempo determinado, nos favorecerá en nuestra vida diaria más de lo que pensamos.

Desde que aparecieron las pantallas y los smartphones, la falta de concentración se ha ido incrementando. Hay que reconocer que pasamos muchas horas delante de estos aparatos. Si trabajamos el interés, poco a poco y diariamente, obtendremos numerosos beneficios:

  • En menos tiempo se lograrán mejores resultados
  • Aumenta la confianza y la autoestima
  • Aumenta la creatividad
  • Reduce la ansiedad
  • Fomenta la disciplina

¿Cuánto dura la concentración según la edad?

No es lo mismo pedirle a un niño de 3 años que se siente en una silla durante 30 minutos a dibujar, que exigirle a uno de 10 que realice sus tareas. En todas las edades, existe un tiempo en el cual el niño estará más receptivo y con ganas de aprender. Por esto, es conveniente que los padres estemos orientados, según la edad de nuestro hijo/a, cuánto puede aguantar. Cabe destacar que es algo orientativo, puesto que el ritmo lo marcará nuestro hijo/a.

Ya en edades tempranas, los niños son capaces de centrar su atención en los juegos y actividades divertidas. Sin embargo, en aquellas que les resulten aburridas, son ellos mismos los que desconectan. Por esto, es fundamental que desde pequeños les motivemos en su atención.

  • De 0 a tres años. Los bebés son capaces de prestar atención a algo que les divierta. Sin embargo, rápidamente se cansan y hay que cambiar de juego.
  • De 3 a 5 años. Los niños de estas edades ya son capaces de estar más centrados en las tareas a realizar.
  • De 5 años en adelante. Cuanto más mayores se van haciendo, su capacidad de concentración va en aumento. Así, son capaces de estar centrados durante más tiempo en algo en concreto.

“Entrena tu mente”

Ilvem realiza varias adaptaciones a sus programas abordando todas las necesidades que puedan presentarse a nivel escolar y profesional. Hemos desarrollado varios programas que comprenden edades muy tempranas, a partir de 4 años de edad, así como también adultos y adultos mayores; en los que su objetivo principal es desarrollar y potenciar al máximo todas las capacidades, destrezas y habilidades en niños, adolescentes y adultos.

Mediante herramientas pedagógicas y recursos metodológicos realizamos un abordaje integral para obtener los objetivos deseados en el área académica, psicológica y social. Lo primero es entender que en este proceso existen dos partes involucradas, los hijos y el adulto encargado (papá, mamá, abuelos, etc.). Lo segundo es entender que al enfrentarse a esta situación diaria interviene tanto una parte emocional como la parte misma de la dinámica del conocimiento.

Entonces, por ¿dónde empezar? Viviana Hualca, psicóloga educativa y directora de ILVEM, menciona que se debe iniciar estableciendo un plan de acción.

Es importante generar una rutina de trabajo con una agenda que incluya, tanto momentos de pausa, que pueden ser de 15 a 20 minutos, como tiempos de estudio de aproximadamente una hora.

—  Viviana Hualca psicóloga educativa y directora de ILVEM.

En esos momentos de descanso, lo recomendables es que el niño haga actividades que no distraigan su atención y se le complique enfocarse nuevamente. En este sentido, el juego no es recomendable, pero sí lo es escuchar una canción, ver un video o conversar con alguien.

El otro lado de esta situación, menciona Viviana, está permeado por las emociones. Aquí, recomienda que los adultos sean quienes manejen la situación, sin embargo, es necesario establecer el límite de hasta dónde llega la ayuda.

Los padres deben ser una guía cuando el niño no tiene claro algún conocimiento en específico. Sin embargo, es necesario brindarles ese sentimiento de independencia, de que ellos deben ser quienes realicen esta actividad.

—  Viviana Hualca psicóloga educativa y directora de ILVEM.

En este sentido, hace un llamado a manejar las emociones, ya que muchas veces los adultos pueden perder la paciencia al acompañar a los niños en esta actividad. Ahí es cuando es importante generar también este plan de trabajo que nos ayudará a establecer un cronograma adecuado y un plan apropiado para evitar cualquier conflicto.

Lo más importante es que el niño siempre esté acompañado de la guía de un adulto en el proceso. Sin embargo, cuando esto no es posible, lo recomendable es contratar un servicio de tareas dirigidas, que es útil ya sea porque los padres no tienen tiempo o porque los niños no pueden manejar su frustración ante errores o porque les hace falta consolidar algún conocimiento.

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