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¿Afectará a la economía local el desabastecimiento actual de los supermercados de EEUU por la variante Ómicron?

El 19% de todas las importaciones ecuatorianas no petroleras provienen de EEUU.

Estados Unidos es uno de los cinco países principales del origen de las importaciones no petroleras para Ecuador. De hecho, es el segundo país desde donde mayormente llegan las importaciones. El primero es China.

Según estadísticas del Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca con corte de julio 2021, los ecuatorianos importaron en dólares USD 989 millones en productos no petroleros ese semestre. El 19% de todas las importaciones ecuatorianas.

Los 5 principales productos de las importaciones no petroleras son: Medicinas (USD 311 millones primer semestre 2021); automóviles livianos (USD 277 millones); polímeros (USD 258 millones); manufacturas metal (USD 257 millones) y residuos del aceite de soya (USD 255 millones).

Actualmente, el desabastecimiento de los supermercados estadounidenses también nos invita a preguntarnos si puede existir alguna reacción para las economías latinas, incluyendo la ecuatoriana.

Le consultamos a varios algunos especialistas. El economista Larry Yumivanda, del Círculo de economistas del Guayas, explicó al respecto que “si hay limitaciones en la importación desde los EEUU sí puede afectar nuestras exportaciones no petroleras”.

“Lo que se proyecta una disminución de exportaciones no petroleras es por la desaceleración de nuestros principales mercados”, dice Yumivanda.

Para el presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, Miguel Ángel González, el desabastecimiento de los supermercados de EE.UU. está impulsado por problemas en la cadena de distribución (originadas por el Covid), a un cambio en el comportamiento de los consumidores y a las fuertes tormentas de nieve.

“Es probable que este desabastecimiento sea temporal. Por lo tanto, no necesariamente afectaría a las economía ecuatoriana o las economías latinas”, comparte González.

La economía en América Latina

Una publicación del Banco de desarrollo para América Latina (CAF) señala que la recesión derivada de la pandemia de la COVID-19 será la más profunda que América Latina ha registrado en décadas.

La contracción promedio para la región se ubicó entre el 8% y el 10% en 2020, superando con creces el impacto generado por la crisis financiera internacional de 2009 que resultó en una contracción del 2%.

“Esta situación económica es producto de la combinación de un severo choque externo -que involucra la caída de la demanda externa, el repliegue de los flujos de capital y de las remesas y la reducción de los precios de las materias primas- y de la paralización de las actividades domésticas para prevenir la propagación de los contagios”, detalla el informe del CAF.

De todas formas, según las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional, es probable que América Latina sea una de las regiones más golpeadas por la crisis económica.

La situación varía sustancialmente en cada país. A partir de mayo 2020, por ejemplo, comenzaron a levantarse algunas de las medidas de manera progresiva en Uruguay y Paraguay, donde los contagios no están acelerándose. En Brasil y México, donde las curvas no parecen aplanarse, se anunciaron relajaciones graduales de la actividad. En cambio, en Argentina, Chile y Perú, donde los casos siguen aumentando, extendieron las medidas de control a la movilidad.

Los países que dependan más del turismo, uno de los sectores que posiblemente tarde más en volver a la normalidad, se verán más afectados. Este es el caso de los países del Caribe, México y, hasta cierto punto, Uruguay. Los países exportadores netos de energía también han visto retroceder más fuertemente sus exportaciones que los exportadores de metales o alimentos.

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