Guayaquil custodia en su interior un pulmón de 299 hectáreas de bosque seco tropical que resiste al avance urbano: el Bosque Protector Cerro Paraíso.
Justo allí, en las faldas de este ecosistema declarado protegido en 1989, nació y creció la reconocida diseñadora de modas Mariana Burgos. Con más de dos décadas de trayectoria y un sello indiscutible en el diseño romántico contemporáneo, Mariana nos recibe en su hogar para conversar sobre cómo este entorno natural no solo define su estilo de vida, sino que se plasma en cada una de sus costuras.
“Hola, soy Mariana Burgos, diseñadora de modas con más de 20 años de trayectoria. Guayaquileña de corazón y esto es mi bosque, mi inspiración”.

Con esa frase y una sonrisa que refleja la calma de la naturaleza que la rodea, Mariana abre las puertas de su espacio creativo.
Para ella, el Cerro Paraíso no es solo el paisaje de su ventana; es el motor de una carrera prolífica que ya suma 28 colecciones principales y 14 colecciones cápsula bajo la firma de su atelier.
A través de sus ojos, descubrimos cómo el diseño sobrio, sofisticado y consciente puede convivir en perfecta armonía con la biodiversidad guayaquileña.

Una pasarela verde entre senderos y miradores
El Cerro Paraíso colinda con sectores emblemáticos de la urbe como Bellavista, El Paraíso, Cumbres, Bim Bam Bum y San Eduardo. Es un refugio que resiste el embate del cemento y que alberga a más de 100 especies de aves, además de iguanas, zorros y ardillas. Sin embargo, su mayor tesoro para el diseño radica en su flora nativa.
“Bienvenidos a mi bosque”, dice Mariana con orgullo. “Es fundamental inspirarnos en nuestras especies para crear colecciones, tanto en los cortes que se pueden diseñar a partir de la estructura de una flor, como en el sentimiento de identidad cultural de quiénes somos”.

Para la diseñadora, la moda es una herramienta de identidad. Y si hay un elemento que resume esta conexión, es la Gustavia, una flor endémica del bosque seco que se ha convertido en su musa predilecta.
El milagro efímero de la Gustavia
“Es de color blanco y en el medio despliega una gama de tonos que van del rojo al rosa. Realmente inspira”, detalla Mariana. “Cada vez que florece, todos queremos tomar fotos porque es espectacular”.
Esta sutileza —el blanco impoluto contrastado con destellos románticos en rosa y rojo— se traduce directamente en las siluetas de su estilo romántico contemporáneo, donde la sobriedad no compite con la naturaleza, sino que la homenajea.

Conciencia textil en el Día del Medio Ambiente
Detrás de la belleza del bosque también hay una latente fragilidad. Originalmente, la reserva comprendía 420 hectáreas; hoy, debido a las construcciones ilegales y la constante amenaza de los incendios forestales, esa cifra se ha reducido a 299 hectáreas.
Por ello, en este 5 de junio, la voz de Mariana Burgos deja por un momento el taller de costura para convertirse en un llamado urgente a la acción ciudadana e institucional. Para ella, el arte y la naturaleza deben unirse, tal como las actividades artísticas para niños que se promueven en la zona para sembrar conciencia desde la infancia.
“Hoy en el Día del Medio Ambiente es importante que conozcamos el Bosque Protector Paraíso, que fomentemos su cuidado, pero sobre todo su preservación. Este bosque debe subir de categoría a Patrimonio Cultural, porque Guayaquil se lo merece”, concluye con firmeza.
Desde su atelier en las faldas del cerro, Mariana Burgos demuestra que la alta costura en Ecuador no tiene por qué mirar siempre hacia los referentes extranjeros. La verdadera vanguardia, la elegancia sobria y la identidad están aquí mismo, suspendidas a 175 metros sobre el nivel del mar, esperando el próximo florecimiento de la Gustavia.
