Sí, la ciencia también investigó esto. Y no, no es un meme de internet. Un gastroenterólogo decidió en los años 90 resolver una de las discusiones más absurdas —y humanas— de la historia: quién se tira los pedos más hediondos. El resultado terminó mezclando tubos rectales, jueces olfativos y una explicación científica tan incómoda como fascinante.
Porque detrás de cada “huevo podrido” hay química pura.
El experimento científico que analizó el olor de los gases humanos
En 1998, el doctor Michael Levitt, reconocido gastroenterólogo estadounidense, realizó un estudio que hoy sigue circulando viralmente en redes sociales y foros médicos. El objetivo era entender qué compuestos generan el mal olor de las flatulencias y quién produce los gases más ofensivos.
Para lograrlo, reunió a 16 personas y les dio una dieta específica basada en frijoles pintos y azúcar sintética, dos alimentos conocidos por aumentar la producción de gases intestinales.
Luego vino la parte menos glamorosa de la ciencia: los participantes debían recolectar sus flatulencias mediante un tubo rectal conectado a bolsas selladas. Sí, literalmente atraparon pedos para analizarlos en laboratorio.
Hombres producen más gas, pero las mujeres generan peor olor
Aquí llegó el giro inesperado del estudio. Según los resultados, los hombres producían mayor cantidad de gas. En promedio, liberaban casi media taza por flatulencia.
Sin embargo, las mujeres tenían una concentración más alta de sulfuro de hidrógeno, el compuesto químico responsable del clásico olor a huevo podrido.
En otras palabras: ellos generaban más volumen. Ellas, más intensidad.
Para comprobarlo, dos personas actuaron como “jueces olfativos”. Con una jeringa colocada a apenas tres centímetros del rostro, olieron las muestras y calificaron el nivel de hedor en una escala del 0 al 8.
El resultado fue claro: las flatulencias femeninas tendían a ser más ofensivas para el olfato humano.
El verdadero culpable del olor a “huevo podrido”
El principal responsable del mal olor es el sulfuro de hidrógeno, también conocido como ácido sulfhídrico. Este gas contiene azufre y se genera durante la digestión de ciertos alimentos.
Pero no trabaja solo. Otros compuestos como el metanotiol, el disulfuro de carbono y el ácido butírico también participan en esa “mezcla letal” que convierte un momento incómodo en una experiencia inolvidable.
Curiosamente, la mayoría de las flatulencias están compuestas por gases sin olor. El problema aparece cuando las bacterias intestinales procesan proteínas y alimentos ricos en azufre.
