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De Balzar para el mundo: El Ñaño, el restaurante con alma y ecuatoriana que tras triunfar en España, expande su legado hasta Miami

El sueño que nació en España con mano ecuatoriana. Conoce a Eloy Mera, el balzareño que triunfa en Barcelona y Miami con el restaurante El Ñaño.

La sazón ecuatoriana que triunfa en el mundo: platos tradicionales como el encebollado y la guatita son el corazón de El Ñaño.
Eloy Mera, el emprendedor de Balzar que conquistó España, celebra la llegada de su sazón a Miami. Con el restaurante El Ñaño, la mano ecuatoriana se posiciona en el exclusivo sector de Coral Gables, llevando los sabores más auténticos de nuestra gastronomía al mercado internacional.

La gastronomía ecuatoriana no solo viaja en maletas; viaja en el ADN de quienes, como Eloy, decidieron un día que el encebollado y la guatita merecían un lugar en las mesas más exigentes del mundo.

Lo que comenzó hace 25 años como un emprendimiento familiar de fin de semana en Barcelona, hoy es un imperio gastronómico llamado “El Ñaño”, que tras conquistar España y Madrid, acaba de aterrizar con éxito rotundo en la exclusiva zona de Coral Gables, Miami.

Eloy Mera, originario Balzar, una pequeña ciudad de la provincia del Guayas, Ecuador, terminó su bachillerato y, con apenas 17 años, cruzó el Atlántico para reunirse con su madre en España.

El espíritu emprendedor lo llevaban en la sangre: su abuela ya era una leyenda en Balzar con su restaurante frente al colegio “26 de Septiembre”.


En el 2001, la aventura empezó en Barcelona, España, en un pequeño local cerca de la Sagrada Familia bajo una modalidad ‘curiosa’: “Es como que te prestan el restaurante para que tú vendas comida los fines de semana”, relata Eloy. Pero el sabor de su arroz con menestra y cazuela fue tan impactante que, para la tercera semana, el local ya era suyo al 100%.

“Iniciamos con el sueño de todo migrante: ofrecer nuestra gastronomía a quienes estaban lejos de casa. Hoy somos una marca con proyección internacional, pero nuestra esencia es innegociable; El Ñaño es y siempre será un negocio de familia", afirma con orgullo.

De “hueca” a referente empresarial

Para sostenerse en el competitivo mercado europeo, Eloy entendió que no bastaba con saber cocinar; había que profesionalizarse.

En 2009 nació “El Ñaño comida rápida”, adaptándose al ritmo de vida europeo con platos como el pollo bróster y salchipapas, pero sin perder la raíz.

Hoy, con cuatro locales en Barcelona, uno en Zaragoza y otro en Madrid, el reto fue la estandarización. Eloy explica que han logrado que el sabor de la comida ecuatoriana mantenga la misma esencia y calidad gracias a procesos rigurosos y calidad de producto.

Miami: El gran salto al “Sueño Americano”

Hace tres meses, El Ñaño abrió sus puertas en la 339 Miracle Mile, Miami, una de las zonas más elitistas de Florida. Para Eloy, esta apertura es estratégica: “Si nosotros triunfamos aquí en Miami, ya podemos triunfar en cualquier parte del mundo”.

A diferencia de Europa, donde conseguir ciertos insumos es una odisea, en Miami la cercanía con Ecuador ha elevado el plato estrella.

“Tenemos la suerte ahora que en Estados Unidos... estamos haciendo encebollado con albahacora directamente traída de Ecuador, que ha hecho que nuestros platos queden... uf!!! Se siente esa parte que dice: ‘la sazón’”.

El sabor auténtico no se negocia

Aunque la propuesta en Miami es más vanguardista en su presentación (algunos platos llevan “flores y coronas”), la base sigue siendo el sofrito artesanal y el hervor de la mañana.

“Traemos una propuesta un poco más vanguardista... pero sin perder la esencia, porque al final el 100% de nuestra clientela, aunque no sea toda ecuatoriana, lo que quiere probar es el sabor auténtico del país”.

Con planes de incluir desayunos con tigrillo y tortillas de verde, El Ñaño se consolida como el embajador del sabor guayaco y balsareño.

Eloy sigue ahí, en la línea de fuego, supervisando la cocina y asegurándose de que cada bocado transporte al comensal de regreso a casa. Porque, como bien dice él, cuando estás lejos, el alma se alimenta de recuerdos, y no hay mejor recuerdo que un buen plato de nuestra tierra.

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