Las medicinas caducadas que permanecen en los hogares ecuatorianos ya tienen un destino seguro. Quito y Guayaquil son las primeras ciudades en contar con contenedores especiales en farmacias para la recolección de estos desechos, como parte del programa Recofarma, una iniciativa de la industria farmacéutica bajo el principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).
El proyecto impulsado por Proyección Futura y articula a alrededor de 50 empresas del sector farmacéutico —entre laboratorios y distribuidores— que trabajan de manera colectiva para cumplir la normativa ambiental y generar impactos positivos en el ambiente y la salud pública.
“Más del 85% de las personas encuestadas arroja este tipo de medicinas en la basura o en el inodoro”, explicó Pablo Macías, gerente general de Proyección Futura, al referirse a un estudio poblacional realizado por la organización.
Un problema que va más allá del ambiente
De acuerdo con Macías, la disposición inadecuada de medicamentos tiene consecuencias directas en los ecosistemas y en la salud humana. “Lo que estamos haciendo es que los componentes químicos de las medicinas se disuelvan en la tierra o en el agua. Luego consumimos agua o alimentos que están contaminados de analgésicos, hormonas, antibióticos”, señaló.
El directivo enfatiza que no se trata únicamente de un tema ambiental, sino también sanitario. “El objetivo no es recolectar medicinas, es disminuir la generación de medicinas caducadas”, afirmó Macías. Esto implica promover el consumo responsable, completar los tratamientos médicos y evitar la automedicación.
Meta nacional: 1.400 contenedores en 10 años
La colocación de los primeros 10 contenedores en farmacias Medicity —gracias a una alianza con Farmaenlace— marca el inicio de un plan de expansión nacional. Según el esquema de la REP, Ecuador deberá contar con un contenedor por cada 10.000 habitantes hasta alcanzar 1.400 puntos en los próximos 10 años, distribuidos en las 24 provincias. “Si todos somos parte del problema, también todos somos parte de la solución”, sostuvo Macías.
Los contenedores fueron diseñados bajo criterios de economía circular y con medidas de seguridad que impiden la manipulación o sustracción de los residuos. En estos puntos se pueden depositar pastillas, comprimidos, cápsulas, jarabes, cremas, parches y soluciones parcialmente consumidas o vencidas. No se aceptan jeringas ni objetos cortopunzantes.
Trazabilidad y disposición final segura
Una vez que el contenedor alcanza el peso predefinido, gestores ambientales certificados retiran el material bajo protocolos estrictos. “Este material es catalogado como peligroso, entonces debe ser manejado adecuadamente por gestores ambientales calificados y certificados por la autoridad ambiental”, detalló Macías.
El sistema cuenta con trazabilidad digital que permite conocer dónde se genera el residuo, quién lo transporta y dónde termina. “Lo que hacen es quemar, incinerar los medicamentos, salvaguardando todos los aspectos inherentes a emisiones y generación de residuos”, indicó.
“Arrojarlas donde quiera o hacer lo que quiera con las medicinas es muy peligroso. No estamos hablando de papel o cartón, sino de componentes químicos que pueden ser nocivos para la salud”, concluyó Macías.
