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¿Por qué se dan regalos en Navidad?

Según la historia, el detalle se remonta a la antigua Roma, donde antes de que se celebrara la Navidad se llevaba a cabo la fiesta de Saturnalia, entre el 17 y el 24 de diciembre.

Se acerca la Navidad y ahora sí, la búsqueda de regalos. Se dice a los niños que los regalos los trae Papa Noel o Los Reyes Magos. Es más, se menciona que son traídos, incluso, por El Niño Jesús.

Los presentes se entregan el 24 de diciembre, de preferencia a las 24:00. En otras zonas del mundo, en cambio, se los da el 25 de diciembre y otros, en cambio, el Día de Reyes que es el 6 de enero.

Pero, ¿de dónde se origina el intercambio de regalos?

Según la historia, el detalle se remonta a la antigua Roma, donde antes de que se celebrara la Navidad se llevaba a cabo la fiesta de Saturnalia, entre el 17 y el 24 de diciembre.

Durante esos días se honraba a Saturno, dios del grano, y a la agricultura, con grandes banquetes e intercambio de regalos.

La tradición dice que se entrega un regalo a las personas queridas en Navidad porque el origen está en la fiesta romana.

Otros, en cambio, relacionan la entrega de regalos a los obsequios (oro, incienso y mirra) que los Reyes Magos trajeron desde sus lejanas tierras al Niño Jesús.

Según el historiador Tertuliano, padre de la Iglesia y prolífico escritor durante la segunda parte del siglo II y primera del siglo III, la costumbre de dar regalos venía del paganismo y de la Saturnalia y de allí fue tomada.

Según algunos escritos, esta era una época de banquetes y de obsequios. Se dice que, inicialmente, los ciudadanos intercambiaban arreglos de ramas de laurel, que se suponía traían buena suerte.

Los niños, en cambio, recibían muñecos de arcilla que eran comprados en la feria. Ahí no se quedaba. En la época, además, se intercambiaban pasteles y dulces hechos en casa.

La costumbre se replicaba, especialmente, en la clase pobre. En la clase alta, en cambio, los regalos eran joyas y artículos finos.

Los regalos más comunes entre ricos y pobres eran las velas, que se conservaban a lo largo del siguiente año, creyendo que al quemarlas en las noches de invierno se invocaba al dios del nuevo sol, a la vida, (solisticio de invierno), conocido también como Sol Invictus.

Con el pasar de los años estas tradiciones fueron convirtiéndose en parte de la celebración navideña. El regalar dulces en Navidad, por ejemplo, ha sido considerada una manera de asegurar un dulzor especial para el año que viene; asimismo las velas y las luces, mismas que simbolizan un deseo de luz, calor y aumento de las riquezas, han sido parte de la celebración decembrina.

Evolución de los regalos

El mundo fue evolucionando. Las sociedades adoptaron la tradición de obsequiar algo no solo a los niños sino también a los familiares y amigos.

Se cree que la mayoría de los países practicaba esta tradición ya en el siglo X. En aquella época los regalos consistían en juguetes hechos en casa, alimentos preparados para los diversos miembros de la familia y para los amigos.

Origen de la Navidad

Men, Myth & Magic [Hombre, mito y magia] es una enciclopedia muy útil sobre mitología y religión. Esta obra revela los orígenes de los principales días santos de las religiones occidentales.

Allí se examina la historia de cada una y ofrece más detalles sobre los orígenes de la Navidad:

“Esta celebración tiene su origen en dos antiguos festivales paganos: la gran fiesta de Yule de los escandinavos y la Saturnalia de los romanos… La Navidad estaba suficientemente cerca del solsticio de invierno como para adoptar muchas de las características asociadas a la ceremonia nórdica: el tronco de la fiesta de Yule, las decoraciones verdes en las casas e iglesias, incluso la misma fiesta de Navidad. Estos elementos fueron combinados con la Saturnalia de los romanos, para proporcionar las bases de los primeros festivales cristianos.

Durante las Saturnalias, los ricos daban regalos a los pobres en honor a la edad dorada de la libertad, cuando Saturno gobernaba el mundo conocido, y a los esclavos se les permitía cambiar de lugar y ropas con sus amos. Incluso ellos elegían a su propio rey feo, para que en son de burla hiciera de amo déspota mientras duraba el festival. Las Saturnalias involucraban el libertinaje más desenfrenado, y era un festival digno del mismo [dios] Pan.

“Naturalmente, esto era fuertemente censurado por la iglesia primitiva, y a pesar de que las figuras de Jesucristo y de los santos gradualmente reemplazaron a las deidades paganas, [la Saturnalia] por mucho tiempo se consideró totalmente incompatible con el ideal cristiano. Sin embargo, el festival estaba muy fuertemente arraigado en el fervor popular para ser abolido, y la Iglesia [Católica] finalmente le otorgó el reconocimiento necesario, creyendo que si la Navidad no podía ser eliminada, debería ser preservada en honor del Dios cristiano” (Richard Cavendish, ed., 1995, Vol. 3, p. 418).»

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