Plastificadores, un oficio que se activa en los procesos electorales

Adultos, jóvenes y niños aprovechan la jornada electoral para trabajar como plastificadores.

Por Eva Acosta

Para Juan Francisco Morán, de 48 años, hoy 4 de febrero 2018, es la oportunidad para ganarse entre $80 y $100 dólares plastificando certificados de votación en las afueras de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, ubicada al centro-norte de la urbe.

 

Al igual que Morán, alrededor de 30 ciudadanos, entre hombres, mujeres, jóvenes y niños, ofrecen este servicio, cuyo costo va desde los USD 0,10.

 

Los improvisados comerciantes están desde las primeras horas de este día en la Católica, uno de los nuevos recintos que espera la llegada de 12 000 electores hasta las 17:00.

 

“Yo estoy cobrando 0,25 centavos. Empecé a las 7:30 a trabajar y a esta hora (9:45) ya me he ganado diez dólares. Tengo fe que sí logro los $100”, relató Morán, para quien la actividad de plastificar no es su profesión sino solo “un cachuelo” que le permite sacarle rentabilidad a este día.

 

La pequeña Sofía Reyes, de 12 años, confiesa que será un día divertido, sobre todo, porque su papá le prometió un porcentaje por cada venta.

 

Ella se suma a los cientos de plastificadores que hoy trabajan en familia, y es que el servicio no es visto como caro por la ciudadanía. Todo está en convencer a los clientes.

 

“Solo tengo que esperar a que las personas salgan de votar y llevarlos hasta donde está mi papi. Saludo, sonrío un poco y en el camino les cuento que solo les cuesta diez centavitos”, comenta la pequeña mientras sonríe con un cartel en mano que dice: “Plastificados $0,10”, en las afueras de la Academia Naval Almirante Illingworth, al norte de Guayaquil.

 

Alrededor de 2,2 millones de electores están convocados a las urnas en Guayaquil y plastificar el certificado después de ejercer el derecho al sufragio es una costumbre muy arraigada a la ciudadanía, acción que en cada proceso electoral es muy aprovechada por los comerciantes.

 

La mayoría de ellos improvisa para ganarse unos cuantos dolaritos. Generalmente, quienes “enganchan al cliente” son niños o jóvenes, como Christian y David Torres, de 14 y 15 años, respectivamente, dos hermanos que por su edad no ejercen el derecho al voto, pero que sí aprovechan este día para trabajar junto a su tío.

 

 

“Mi tío prometió pagarme 12 dólares más el almuerzo, estoy aquí llevándole clientes, ya me sirve (el dinero) para el cine”, comenta David entre risas.

 

Con rapidez aborda a cualquier ciudadano y le dice en menos de cinco segundos: “señor le plastificamos el documento, solo $0,20 centavos, venga por favor, acá está más barato y el documento le durará años”, extendiende su mano y aunque no reciba una respuesta verbal con solo sentir el certificado entre sus dedos se sobreentiende que el negocio está hecho.

 

Junto a la máquina plastificadora, cuyo valor en el mercado va desde los $50 o menos, está quien recibe el pago del certificado plastificado de mano del ciudadano y se encarga de dividir la ganancia entre todos los ayudantes.

 

Es así como miles de plastificadores aprovechan la jornada electoral para llevar ingresos a sus hogares, día que para muchos niños y jóvenes se convierte en su primer oficio aunque solo dure de 07:00 a 17:00 un día en cada proceso electoral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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