No cabe la menor duda que copamos estadios en el Mundial 2026, pero hay un talón de Aquiles en nuestra afición: la intermitencia del apoyo.
Entre los cánticos del “Sí Se Puede” y “Vamos Ecuatorianos”, también aparece un silencio sepulcral que termina reflejando el vaivén de constancia de nuestra Selección.
Aquí cabe una pregunta clave: de qué sirve llenar un estadio si el silencio nos gana.

Debe aparecer con mayor frecuencia la cámara del estadio para el hincha de anime o las jugadas de peligro sean seguidas para los gritos resuenen. Porque ante la duda, el silencio se apodera y empapa la casaca amarilla de la fanaticada.
Un poco más de alegría y constancia es clave para que la inyección de ilusión se tome la mente de nuestros 11 guerreros.
Hasta el momento, la Tri y su hinchada están a medio gas.
