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Ecuatoriano manejó siete horas para ver a La Tri en Columbus y revela qué haría si gana el Mundial 2026

Boris Torres y el sueño ecuatoriano bajo la lluvia: “Si Ecuador sale campeón, después conseguiremos trabajo donde sea”.

Ecuatoriano manejó siete horas para ver a La Tri en Columbus y revela qué haría si gana el Mundial 2026
Ecuatoriano manejó siete horas para ver a La Tri en Columbus y revela qué haría si gana el Mundial 2026. Foto: Metro Ecuador

La lluvia caía con fuerza sobre Columbus, Ohio. Las gotas golpeaban banderas, camisetas y rostros. Sin embargo, nadie se movía. Nadie pensaba irse. Mucho menos Boris Torres, un ecuatoriano radicado en Estados Unidos desde hace 25 años que manejó siete horas desde Carolina del Norte para vivir uno de esos momentos que solo el fútbol puede regalar: sentir a Ecuador cerca antes del Mundial 2026.

Mientras cientos de aficionados se reunían para el banderazo de apoyo a la Selección Ecuatoriana, el clima parecía una prueba más para medir el tamaño de una pasión que no entiende de fronteras.

“Cuando la pasión es inmensa, la lluvia no importa, porque amamos los colores de nuestra selección, el amarillo, azul y rojo de nuestra patria”, dijo Boris mientras observaba a otros compatriotas cantar y saltar bajo el aguacero.

Un viaje de siete horas por amor a Ecuador

La jornada comenzó antes del amanecer. Boris y su familia salieron a las seis de la mañana desde Carolina del Norte con un solo objetivo: acompañar a la Tricolor en la antesala del Mundial más grande de la historia.


“Hoy manejamos siete horas solo para compartir este espíritu ecuatoriano y acompañar a la selección”, relató.

La escena resumía perfectamente lo que significa ser migrante. Muchos de los presentes llevan décadas lejos de Ecuador, construyendo una nueva vida en Estados Unidos, pero cada vez que aparece la camiseta amarilla, las distancias desaparecen.

Para Boris, el fútbol es una excusa para reencontrarse con su identidad.

¿Qué significa ser ecuatoriano lejos de casa?

Cuando habla de Ecuador, su voz cambia. Aparecen la nostalgia y el orgullo.

“Uno empieza a extrañar a la familia, los amigos, la comida, los paisajes. Saber que siempre llevaremos a Ecuador en el corazón y que será parte de nosotros para toda la vida”, expresó.

Luego enumera aquello que más añora con la naturalidad de quien nunca dejó de pertenecer.

“Mis padres, mis hermanos, un buen encebollado, una buena guatita, un ceviche de camarón. Todo. Todo en Ecuador”.

También recuerda la diversidad que hace único al país.

“Poder ir a la Costa, a la Sierra o a Galápagos. Tenemos un país increíble y eso es un orgullo para nosotros”.

La generación que hizo soñar a todo un país

Para Boris, la ilusión mundialista no nace únicamente del corazón, sino también de lo que observa dentro de la cancha.

Habla de William Pacho, Moisés Caicedo, Piero Incapié y del resto de futbolistas que han llevado el nombre de Ecuador a lo más alto del fútbol internacional.

“Tenemos jugadores de talla mundial. Campeones de Champions League, de Premier League y futbolistas que han triunfado en el extranjero”.

Por eso cree que esta selección puede escribir una historia diferente.

“Ahora solo nos queda soñar y esperar. Paso a paso, con fe, llegaremos a la gran final”.

El sacrificio que harían miles de ecuatorianos

La frase más poderosa llegó al final de la conversación. No fue sobre fútbol. Fue sobre pertenencia.

Boris reconoce que muchos ecuatorianos han pedido vacaciones, han invertido ahorros y han recorrido miles de kilómetros para acompañar a la selección durante la Copa del Mundo.

Y si Ecuador logra algo histórico, él ya sabe qué hará.

“Todos los que renunciemos a nuestros trabajos, estemos caminando hacia Nueva York, afuera del estadio, con entrada o sin entrada, vamos a acompañar a Ecuador”.

Hace una pausa y sonríe.

“Después conseguiremos trabajo donde sea”.

Quizás ahí se encuentre la verdadera esencia del hincha ecuatoriano. No en los kilómetros recorridos, ni en las horas de carretera, ni siquiera en la lluvia que empapó Columbus. Está en esa convicción inquebrantable de que, sin importar dónde viva, Ecuador siempre será hogar. Y cuando la Tricolor juega un Mundial, millones de corazones vuelven a latir exactamente en el mismo lugar.

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