Son más de 18 meses sin conocer la derrota en Quito. La selección ecuatoriana sostiene una racha invicta en partidos oficiales de Eliminatorias como local que no tiene precedentes en la historia reciente del fútbol nacional y que la posiciona entre las localías más difíciles de vulnerar en toda Sudamérica.
El dato forma parte de un panorama más amplio. Desde mayo de 2022, Ecuador se mantiene de manera ininterrumpida dentro del Top 5 del ranking FIFA en CONMEBOL, un período de 45 meses que refleja regularidad competitiva y no una racha aislada.
En paralelo, la plantilla de la selección mayor alcanzó un valor de mercado superior a los USD 300 millones, el más alto en la historia del combinado ecuatoriano. Este crecimiento ha sido impulsado, en gran parte, por una generación de futbolistas que se consolidó tras el título del Sudamericano Sub-20 en 2019 y que hoy tiene protagonismo en ligas europeas de primer nivel.
El camino no estuvo exento de obstáculos. Ecuador inició las Eliminatorias 2026 con una sanción de -3 puntos impuesta por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) en el caso Byron Castillo, un punto de partida que hacía prever un proceso cuesta arriba. Sin embargo, el equipo revirtió ese déficit con resultados sostenidos y aseguró su clasificación al Mundial desde la zona alta de la tabla, ubicándose entre el segundo y tercer puesto. Se trata, además, de la segunda participación mundialista consecutiva de Ecuador, después de que en 2018 no lograra clasificar y que el regreso a Qatar 2022 marcara el inicio del ciclo actual.
Detrás de estos indicadores hay un componente que no aparece en las estadísticas pero que el entorno de CONMEBOL ha señalado como referencia regional. La Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) implementó en los últimos años un modelo de administración basado en una gobernanza corporativa: cuentas auditadas, salarios al día para cuerpos técnicos y selecciones juveniles, inversión sostenida en infraestructura de alto rendimiento y una logística de competencia que, según fuentes cercanas al combinado nacional, hoy se equipara con la de federaciones europeas.
Entre los hitos administrativos alcanzados destacan la transformación de un abismo financiero de 26 millones de dólares al momento de recibir la FEF en la base de un superávit histórico. Hoy la Federación no solo compite en la élite, sino que es, por primera vez en décadas, una institución solvente y dueña de su futuro. Además, se modernizó la Casa de la Selección en Quito y se construyó una nueva sede en Guayaquil, descentralizando el fútbol nacional.
Francisco Egas, presidente de la FEF, ha conducido esa transformación con un perfil de gestión técnica que contrasta con el modelo tradicional del fútbol sudamericano. Bajo su administración, la Federación profesionalizó áreas que históricamente operaban con informalidad, desde la planificación de viáticos y concentraciones hasta los programas de desarrollo de categorías formativas que hoy nutren a la selección mayor.
Consultado sobre la racha de resultados, Egas fue directo: “La pelota no entra al arco por azar; entra porque hay cuentas claras, salarios al día y logística de élite”. El dirigente señaló que los logros responden a “años de planificación, inversión y una visión clara de hacia dónde debe ir el fútbol del país”, y reconoció el peso de la generación actual: “Tienen talento propio. Pero también tienen detrás una federación que apostó por ellos cuando nadie más lo hizo”.
Con el Mundial 2026 en el horizonte y un calendario de preparación en marcha, el desafío de Ecuador cambió de naturaleza: ya no se trata solo de clasificar, sino de competir. Los 18 meses invictos en Quito, el ranking sostenido y la profundidad de una plantilla en su mejor momento sugieren que la base —tanto dentro como fuera de la cancha— está construida para sostener esa ambición.
