Mack Hollins volvió a hacer lo que mejor sabe fuera del emparrillado: llamar la atención. El receptor apareció en el Super Bowl LVIII con un atuendo que dejó más preguntas que respuestas. Descalzo —como ya es costumbre—, pero esta vez con esposas, grilletes y un uniforme que simulaba el de un presidiario de máxima seguridad. No fue una excentricidad más: fue un mensaje cuidadosamente construido.

El atuendo de Mack Hollins y la referencia a una prisión real
Hollins ingresó al estadio con las manos esposadas a la cintura, grilletes en los tobillos, mascarilla en el rostro y la inscripción “Range-13” en su vestimenta. Ese detalle no es decorativo. Range 13 hace referencia directa al ADX Florence, la prisión federal de máxima seguridad de Estados Unidos, ubicada en Colorado y conocida como “la Alcatraz de las Rocosas”.
Este centro penitenciario alberga a algunos de los criminales más peligrosos del país y se caracteriza por el aislamiento extremo de sus reclusos. El guiño fue tan específico que rápidamente descartó la idea de un simple disfraz improvisado. Hollins sabía exactamente lo que estaba evocando.

¿Provocación, metáfora o mensaje personal?
Las redes sociales explotaron con comparaciones. Algunos lo asociaron con Hannibal Lecter, otros con una crítica al sistema penitenciario estadounidense, y no faltaron quienes lo vieron como una metáfora del jugador moderno: observado, juzgado y encasillado.
Desde una lectura analítica, el atuendo puede interpretarse como una representación de la presión mental que viven los jugadores en el mayor escenario deportivo del mundo. El Super Bowl no solo es fútbol americano; es escrutinio global, exposición extrema y una jaula mediática donde cada gesto se analiza al milímetro.
Hollins, conocido por priorizar su bienestar mental, su estilo de vida poco convencional y su rechazo a los estándares tradicionales de la NFL, parece haber usado el vestuario como una extensión de su discurso personal.
