Cuando pensamos en el Super Bowl, la imagen inmediata es un estadio lleno, un show de medio tiempo millonario y el partido más visto del planeta. Pero detrás del espectáculo hay una realidad que pocas veces se cuenta: la NFL no solo organiza un partido, toma el control total de la ciudad que lo recibe. Hoteles, movilidad, comercio, impuestos y hasta cajeros automáticos entran en juego. El Super Bowl no se juega solo en la cancha.
La NFL no alquila el estadio, lo controla
Una de las condiciones más llamativas es que la NFL utiliza el estadio del Super Bowl durante 54 días sin pagar renta. Son 30 días antes del partido y 24 después, con acceso total a las instalaciones, logística incluida. Todo corre por cuenta de la ciudad sede.
Y no cualquier escenario califica. El estadio debe tener mínimo 70.000 asientos. Si la sede es una ciudad fría, el campo debe ser techado o contar con calefacción subterránea, un sistema costoso que, otra vez, paga la ciudad, no la liga.
Aquí la regla es clara: el estadio se adapta a la NFL, no al revés.
Boletos, palcos y dinero: el verdadero negocio
La NFL controla el 100 % de la venta de entradas. El equipo local apenas recibe alrededor del 5 %, mientras que la liga se queda con más del 25 % del total. El resto se reparte entre compromisos comerciales y patrocinadores.
En cuanto a los palcos de lujo, la exigencia es mínima pero contundente: al menos el 50 % deben estar disponibles para la NFL, nunca menos de 70 palcos. Todo bajo su administración.
Además, la liga tiene poder para retirar cajeros automáticos, marcas de comida o bebidas si no coinciden con sus patrocinadores oficiales. Durante el Super Bowl, solo se consume lo que la NFL autoriza.
Hoteles, transporte y hasta campos de golf
El control no se queda en el estadio. La NFL coordina hoteles, estacionamientos, rutas viales y miles de autos de alquiler. Incluso exige tres campos de golf de nivel campeonato y dos boliches premium, disponibles gratuitamente para eventos de caridad vinculados al Super Bowl.
A eso se suman exenciones de impuestos en boletos, estacionamientos, merchandising y eventos relacionados, un punto que suele generar debate entre autoridades locales.
Durante la semana del partido, se esperan cientos de jets privados, cada uno pagando entre 10.000 y 20.000 dólares solo por aterrizar. El impacto económico se siente en toda la región, no solo en el estadio.
Nada es improvisado: el manual del Super Bowl
Todas estas exigencias están detalladas en un documento de más de 150 páginas, donde la NFL establece cómo negocia con las ciudades. Aunque el texto original tiene años, su espíritu sigue vigente y marca el modelo actual del evento deportivo más poderoso del mundo.
Este domingo 8 de febrero, el Super Bowl se jugará entre New England Patriots y Seattle Seahawks, pero el verdadero partido ya se ganó fuera de la cancha. Porque el Super Bowl no solo se juega… se impone.
