Cada año, el halftime del Super Bowl promete espectáculo, pero en varias ocasiones ha ofrecido algo más incómodo y poderoso: una postura política. Lo que hoy se discute alrededor de Bad Bunny y su posible mensaje en el Super Bowl 2026 no es nuevo. Antes que él, varios artistas usaron el escenario más visto de la televisión estadounidense para incomodar, provocar debate y romper la idea de que el entretenimiento debe ser neutral.
Cuando el medio tiempo dejó de ser solo entretenimiento
El primer gran quiebre llegó con Michael Jackson en 1993. Su actuación no solo cambió para siempre la forma de producir el halftime, también introdujo un discurso de unidad, conciencia social e inclusión racial. Por primera vez, el show no solo entretenía: decía algo. En un evento acostumbrado a evitar el conflicto, Jackson marcó el camino.

Años después, en el Super Bowl 50, Beyoncé fue mucho más directa. Vestida con una estética inspirada en los Panteras Negras y referencias claras al movimiento Black Lives Matter, su presentación fue una toma de posición sin ambigüedades. Para algunos, un acto de valentía; para otros, una provocación innecesaria en un evento “familiar”. Lo cierto es que la conversación trascendió el fútbol.

Latinidad, racismo y protesta: el Super Bowl como escenario político
El show de Shakira y Jennifer López llevó la polémica a otro nivel. En medio del endurecimiento de las políticas migratorias durante el gobierno de Donald Trump, una imagen quedó grabada: niños en jaulas iluminadas sobre el escenario. La referencia a la separación de familias en la frontera fue clara, incómoda y globalmente comentada.

En el Super Bowl LVI (2022), Eminem protagonizó uno de los gestos más simbólicos de los últimos años al arrodillarse al final de Lose Yourself. El acto, directamente vinculado a las protestas de Colin Kaepernick contra la brutalidad policial, reavivó un debate que la NFL nunca logró cerrar del todo.

Y luego vino Kendrick Lamar, cuya actuación fue catalogada por varios críticos como la más política en la historia del Super Bowl. Un escenario diseñado como un patio de prisión, con estética de videojuego, funcionó como metáfora de un sistema que vigila, controla y mercantiliza la cultura negra. No todos lo entendieron, pero nadie pudo ignorarlo

Opinión: Bad Bunny entra a una historia que ya estaba escrita
En ese contexto, Bad Bunny no llega solo ni improvisa. Su presencia en el Super Bowl 2026, en Santa Clara, California, este domingo 8 de febrero a las 18:30 (hora Ecuador), se suma a una tradición de artistas que entendieron que el halftime no es un escenario neutro.
Con la polémica alrededor del accionar de ICE y su discurso reciente en los Grammy, todo apunta a que Benito buscará romper estereotipos y, quizá, incomodar. Y si eso ocurre, no será una anomalía: será coherencia histórica.
