¿El futbolista ecuatoriano prefiere emigrar a ligas con menos vitrina, pero con más estabilidad? ¿Busca garantías económicas, mejores condiciones laborales… o incluso seguridad? En 2026, el mapa del jugador tricolor empieza a dibujarse lejos de casa, y no necesariamente por ambición deportiva, sino por supervivencia profesional.
Se normalizó el no pagar salarios a tiempo
El fútbol ecuatoriano atraviesa días grises. Y lo peor no es la crisis en sí, sino que se volvió costumbre. En 2025, se repitió un patrón que ya parece parte del calendario: clubes de Serie A y Serie B con salarios atrasados, entrenamientos suspendidos y planteles enteros protestando porque simplemente no había dinero.
Los casos más visibles fueron El Nacional, Emelec, Barcelona, Macará y Delfín, señalados durante el año por demoras en pagos. La situación escaló al punto de lo insólito: futbolistas que dejaron de entrenar para exigir lo básico: su sueldo.

Emelec, por ejemplo, vivió uno de sus capítulos más delicados cuando jugadores llegaron a advertir que no se presentarían a un partido debido a una deuda que alcanzaba hasta ocho meses con algunos integrantes del plantel. En Barcelona, el mensaje fue igual de contundente: varios decidieron no continuar, despidiéndose con lamentaciones porque ya no existían garantías en el club.
Y el golpe más simbólico fue El Nacional: descendió por sanciones deportivas, a pesar de que en la tabla no estaba metido en el pelotón del desastre. Un claro ejemplo de que lo estructural pesa más que el rendimiento deportivo.
Amaño de partidos: el otro cáncer que golpeó al torneo
Como si el atraso salarial fuera poco, 2025 también dejó otro capítulo oscuro: denuncias de amaño de partidos. Lo que antes se murmuraba en pasillos, esta vez explotó públicamente.
Tras una investigación profunda, LigaPro sancionó a clubes involucrados en estos actos de corrupción. Los principales señalados fueron Gualaceo y Chacaritas, equipos que incluso sufrieron allanamientos por parte de las autoridades.
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Las sanciones fueron fuertes:
- Gualaceo, Chacaritas, Vargas Torres y 22 de Julio recibieron una reducción de entre seis y doce puntos y una multa de 10.000 dólares.
- Además, 20 jugadores fueron castigados con dos años de suspensión.
Cinco jugadores asesinados: el miedo también juega
A la crisis económica y al escándalo deportivo se suma lo más duro: la violencia. No solamente en los graderíos, donde hubo casos fuertes de violencia del crimen organizado, provocando menos hinchas en los estadios, sino que el 2025 estuvo marcado por el asesinato de cinco futbolistas, todos vinculados —directa o indirecta— con el crimen organizado, según autoridades.
Los nombres estremecen al medio: Mario Pineida, Jonathan González, Maicol Valencia, Leandro Yépez y Miguel Nazareno. Hasta el momento, no hay detenidos por ninguno de estos casos.
Perú y Bolivia: los nuevos destinos del futbolista ecuatoriano
En 2026, la tendencia se hizo más evidente. Cada vez más futbolistas ecuatorianos están saliendo del país, no hacia las grandes vitrinas, sino hacia ligas como Perú y Bolivia, que históricamente no eran prioridad para el mercado tricolor.
Los números lo reflejan con claridad:
- Perú contará con 15 ecuatorianos
- Bolivia tendrá 13 futbolistas nacionales
En total, 28 ecuatorianos competirán solo entre esos dos destinos, sin contar otras ligas de la región que también han sumado tricolores.
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Y esto no se explica únicamente por oportunidades deportivas, sino por la búsqueda de estabilidad: contratos más confiables, pagos puntuales, entornos más organizados y menos incertidumbre.
Entre las salidas más representativas:
- De Emelec emigraron jugadores como Joao Quiñónez, Luis Caicedo y Maicon Solís.
- Desde Libertad, dejaron el país Angel Quiñónez, Wilter Ayoví, Ronny Biojó y Kevin Becerra.
- Y en Barcelona, las salidas golpean fuerte:
- Xavier Arreaga al Bolívar
- Aníbal Chalá al Olimpia
¿Y la LigaPro? Entre el negocio y la responsabilidad
Lo más preocupante no es que los futbolistas se vayan. Lo realmente alarmante es por qué se están yendo. Porque cuando la liga ya no garantiza lo básico —pago, seguridad, estabilidad—, el campeonato deja de ser una plataforma de crecimiento para convertirse en un riesgo.
Evidentemente, existen excepciones que sostienen el modelo con otra estructura: Liga de Quito e Independiente del Valle, gracias a ingresos privados, buena administración y venta de jugadores. Pero el problema es que el fútbol ecuatoriano no puede depender de dos clubes organizados mientras el resto sobrevive como puede.
Conclusión:
El fútbol ecuatoriano no está perdiendo jugadores: está perdiendo confianza. Y eso es muchísimo más grave. Porque un torneo puede soportar malos resultados, pero no puede sobrevivir si sus futbolistas sienten que no hay garantías para trabajar, cobrar o incluso estar seguros.
Si LigaPro y los clubes no corrigen el rumbo con medidas reales —controles financieros más estrictos, sanciones ejemplares, regulación contractual y un blindaje serio ante la corrupción—, el éxodo será apenas el inicio. Miguel Ángel Loor ya ha mencionado que se tomarán cartas en el asunto, y esperamos el 2026 tenga luces de mejorar en los problemas antes planteados.
En 2026, Perú y Bolivia no son “nuevos destinos”. Son el reflejo de una pregunta incómoda que Ecuador todavía no responde: ¿Qué tan seguro y estable es el fútbol en el Ecuador?
