Con apenas 20 años, la cuencana Martina Ramírez ya no es una promesa: es una realidad del patinaje ecuatoriano. Doce años de disciplina, sacrificio y velocidad respaldan a una atleta que ha construido su carrera lejos de los reflectores, pero con la bandera de Ecuador siempre al frente. En una entrevista, Martina abre su historia, sus miedos, sus sueños y sus próximos desafíos internacionales.

Desde los 8 años, el patinaje de velocidad se convirtió en su vida. “Sentí libertad en mis pies”, recuerda. Hoy, esa sensación se traduce en resultados, constancia y una mentalidad forjada en la disciplina deportiva de alto rendimiento.
¿Cómo nació la pasión de Martina Ramírez por el patinaje de velocidad?
La historia inicia en Cuenca, cuando su entrenadora —amiga cercana de su familia— abrió una escuela de patinaje. Lo que comenzó como una prueba se transformó en vocación. La velocidad, la adrenalina y la exigencia mental hicieron clic inmediato.

“Era una niña inquieta, me gustaban los deportes rápidos”, cuenta Martina. Su primer gran reto llegó a los 9 años, en competencias interclubes, y al año siguiente ya competía en campeonatos nacionales. Aunque los resultados iniciales no fueron los esperados, la experiencia encendió algo más fuerte: el deseo de superarse.
¿Qué sacrificios exige el alto rendimiento en el patinaje profesional?
Martina no esquiva la realidad. El alto rendimiento deportivo exige renuncias: menos vida social, rutinas estrictas y una mentalidad inquebrantable. “El talento no sirve si no hay esfuerzo”, repite, una frase que le inculcó su entrenadora y que hoy define su carrera.
Entrena de lunes a lunes, combinando patines, gimnasio y ciclismo de ruta, con doble jornada varios días a la semana. Su especialidad son las pruebas cortas y de sprint, como los 200 y 500 metros, donde la potencia y la explosividad marcan la diferencia.
La inversión también es clave: patines personalizados, ruedas específicas, casco profesional, licras aerodinámicas y gafas técnicas. Cada detalle suma cuando se compite al máximo nivel.
Una lesión, un quiebre mental y el verdadero crecimiento
El año 2022 marcó un antes y un después. Una fisura de menisco afectó su rendimiento y su confianza. “Fue el reto más duro, más mental que físico”, admite. Superar esa etapa, más allá de medallas, es hoy su mayor logro personal.
Y aun así, Martina sigue. Porque rendirse nunca fue opción.

Europa, Mundial y el sueño de llevar a Ecuador a lo más alto
El 2026 será decisivo. Martina proyecta competencias nacionales clave, su primer gran reto en Europa (Alemania) y el objetivo mayor: clasificar al Panamericano, al Mundial de Patinaje en Paraguay y consolidarse entre la élite.
El camino no es fácil. El apoyo al deporte en Ecuador sigue siendo limitado, especialmente en disciplinas no tradicionales. Su principal respaldo ha sido su padre, su entrenadora y quienes creen en su sueño.
“Quiero demostrar que Ecuador también tiene patinadoras de nivel mundial”, afirma.
Inspirar, resistir y dejar legado
Martina admira a referentes internacionales como Fabriana Arias y Colombian Castro, pero su verdadero motor es inspirar. Sueña con un Ecuador donde el patinaje tenga más pistas, más apoyo y más visibilidad.
Si algún día levanta un título mundial, se imagina llorando, besando la bandera tricolor y agradeciendo a quienes nunca soltaron su mano.

Su frase lo resume todo:“Todo pasa. Y todo pasa por algo.”
Hoy, Martina Rodríguez no solo corre. Representa, inspira y lucha por un país que necesita creer más en sus deportistas.
